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Cómo afrontar el burnout y salir de él

Cómo afrontar el burnout y salir de él

Cómo afrontar el burnout y salir de él

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Galo Guerra-Vargas

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Galo Guerra-Vargas

Psicólogo, sexólogo.

Si llegaste a este artículo después de leer el anterior, probablemente ya te reconociste en alguna de las fases que describimos. O quizás alguien cercano te lo compartió porque pensó en vos. De cualquier forma, lo que viene ahora es la parte más importante: qué se puede hacer cuando el burnout ya está instalado.

Lo primero que conviene decir, y con toda claridad, es que salir del burnout no es rápido. No hay una rutina de autocuidado de fin de semana que revierta un proceso que tomó meses o años en desarrollarse. El caso es que la recuperación también tiene su propio ritmo, y entender eso desde el principio evita mucha frustración.

Lo primero es reconocerlo como lo que es

Parece obvio, pero no lo es. Muchas personas que tienen burnout no lo nombran así. Lo llaman "estar cansado", "andar estresado", "pasar por una mala racha". Y mientras no se nombra con precisión, es difícil abordarlo con seriedad.

Reconocer el burnout significa aceptar que no es algo que se resuelve con más fuerza de voluntad o con trabajar de manera más eficiente. Es un estado de agotamiento sistémico que requiere una respuesta sistémica. No un ajuste menor. Una intervención real.

También significa, en muchos casos, aceptar que algo en el entorno laboral o en la forma de relacionarse con el trabajo tiene que cambiar. Eso puede ser incómodo, porque implica revisar cosas que a veces no dependen solo de uno.

El papel del acompañamiento profesional

Obviamente, esto no agota el tema, pero sí es necesario decirlo: cuando el burnout es moderado o severo, el acompañamiento psicológico marca una diferencia real. No porque el psicólogo tenga una fórmula mágica, sino porque el proceso de recuperación se beneficia mucho de un espacio donde se pueda revisar con calma qué pasó, cómo se llegó hasta ahí, y qué tiene que cambiar para que no vuelva a ocurrir.

En algunos casos, si hay síntomas físicos importantes como insomnio persistente, somatizaciones o síntomas que podrían indicar depresión o ansiedad clínica, también es importante la evaluación médica. El burnout y la depresión pueden coexistir, y confundirlos tiene consecuencias en el tratamiento.

Recuperar el cuerpo primero

Aunque suene extraño hablar del cuerpo antes de hablar de los pensamientos o las emociones, hay una razón para eso. El agotamiento del burnout es también físico, y sin recuperación física, el trabajo emocional o cognitivo tiene poco suelo donde asentarse.

Eso implica priorizar el sueño de forma real y no negociable. Implica atender la alimentación con más intención que antes. Implica movimiento físico, no necesariamente intenso, pero regular: caminar, estirarse, cualquier cosa que devuelva la atención al cuerpo y lo saque de la silla o la cama. Ello puede ocurrir de múltiples maneras y cada persona tiene que encontrar la que le funciona, pero el punto es que el cuerpo necesita recuperarse antes de que la mente pueda hacer su parte.

Revisar la relación con el trabajo

Aquí está uno de los pasos más difíciles, y también más necesarios. El burnout tiene causas estructurales que no desaparecen solo con descansar. Si el entorno laboral sigue siendo igual, con la misma sobrecarga, la misma falta de control, el mismo déficit de reconocimiento, el riesgo de recaída es alto.

Esto no significa necesariamente renunciar, aunque en algunos casos sí es la respuesta correcta. Significa revisar con honestidad qué condiciones del trabajo están contribuyendo al agotamiento, y explorar qué de eso es modificable. Algunas conversaciones difíciles con superiores o con el equipo. Algunos límites que no se habían puesto. Algunos roles o responsabilidades que se fueron acumulando sin haberse negociado explícitamente.

No está demás señalar que muchas personas en recuperación de burnout sienten culpa cuando empiezan a poner límites, como si el hecho de decir que no fuera una señal de debilidad o de poco compromiso. Es exactamente al revés: poner límites es lo que hace posible sostener el trabajo a largo plazo.

Recuperar algo de sentido

El burnout suele llevarse consigo el sentido. Lo que antes motivaba deja de motivar. Y parte de la recuperación implica ir reconstruyendo, con paciencia, esa conexión con lo que importa.

Eso no siempre ocurre dentro del mismo trabajo. A veces el sentido hay que buscarlo afuera por un tiempo: en relaciones, en actividades creativas, en proyectos personales que no tienen que producir nada. Recuperar el placer en cosas pequeñas, sin presión de resultado, es una parte de la recuperación que se subestima mucho.

También ayuda revisar las expectativas. Una de las características de las personas más propensas al burnout es la autoexigencia muy alta. No porque sean perfeccionistas por capricho, sino porque internalizaron que el valor propio depende del rendimiento. Revisar esa creencia, con tiempo y con apoyo, es parte de lo que previene que el burnout vuelva.

Lo que no funciona

Hay algunas respuestas al burnout que son comprensibles pero no ayudan mucho. Una es empujar más fuerte con la esperanza de salir del bache. Otra es esperar a que las vacaciones lo resuelvan todo, cuando el problema está en la estructura y no en la cantidad de días libres. Y otra es aislarse completamente, que a veces se disfraza de "necesito tiempo para mí" pero en realidad profundiza el vaciamiento.

El burnout vive muy bien en el aislamiento. El contacto con personas de confianza, aunque cueste, es parte de lo que ayuda a salir.

Para cerrar

Salir del burnout es posible. Pero requiere más que buena voluntad: requiere tiempo, cambios reales en las condiciones que lo generaron, y con frecuencia apoyo profesional.

Lo que sí es cierto es que las personas que atraviesan este proceso y lo trabajan de verdad suelen salir con una relación diferente con el trabajo y consigo mismas. No inmune al agotamiento, pero sí con más herramientas para reconocerlo antes y responder de otra manera.

Eso ya es bastante...

Si querés conocer más sobre el tema, te recomiendo:

Gil-Monte, P. R. (2003). Burnout syndrome: ¿síndrome de quemarse por el trabajo, desgaste profesional, estrés laboral o enfermedad de Tomás? Revista de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones, 19(2), 181–197.

Leiter, M. P., & Maslach, C. (2005). Banishing burnout: Six strategies for improving your relationship with work. Jossey-Bass.

Schaufeli, W. B., & Bakker, A. B. (2004). Job demands, job resources, and their relationship with burnout and engagement. Journal of Organizational Behavior, 25(3), 293–315. https://doi.org/10.1002/job.248

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Galo Guerra-Vargas

Psicólogo, sexólogo.

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