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Ejercicios simples para Abstracción. Entrena tu cerebro.

Ejercicios simples para Abstracción. Entrena tu cerebro.

Ejercicios simples para Abstracción. Entrena tu cerebro.

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Galo Guerra-Vargas

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Galo Guerra-Vargas

Psicólogo, sexólogo.

Hay personas que entienden un chiste apenas lo escuchan y otras que necesitan que se los expliquen. Hay quien lee una noticia sobre economía y le encuentra el mismo patrón a una discusión de pareja, y quien solo ve datos sueltos sin conexión entre sí. Esa capacidad de ver la estructura detrás de lo concreto —de notar que dos cosas que parecen no tener nada que ver en realidad comparten una lógica— es lo que en psicología se llama pensamiento abstracto. No es un talento con el que se nace y punto: como cualquier función cognitiva, se puede ejercitar, y de hecho conviene hacerlo, porque es una de las habilidades que más se usa y menos se entrena a propósito.

Qué es exactamente el pensamiento abstracto

Pensar en abstracto es la capacidad de ir más allá de lo literal y lo inmediato: identificar patrones, generalizar reglas a partir de casos concretos, entender metáforas, imaginar posibilidades que no están frente a los ojos. Jaramillo Naranjo y Puga Peña (2016) sostienen que este tipo de pensamiento es fundamental para potenciar los procesos cognitivos en general, y que su desarrollo transforma a la persona de receptora pasiva de información a agente activo en la construcción de conocimiento significativo. Ello puede ocurrir por múltiples razones, pero el punto central es este: cuando uno solo procesa información de manera literal, cada situación nueva se siente como si fuera la primera vez, porque no hay un marco general al cual conectarla.

No está demás señalar que esto no es exclusivo de la filosofía ni de las matemáticas avanzadas. Se usa constantemente en la vida cotidiana: al entender una ironía, al aplicar una lección aprendida en el trabajo a un problema completamente distinto en casa, al reconocer que una discusión que estás teniendo hoy se parece sospechosamente a otra que ya tuviste antes con otra persona, aunque el tema sea diferente.

Ejercicios que sí funcionan

Lo que fortalece el pensamiento abstracto son tareas que obligan a salir de lo literal y buscar relaciones, patrones o generalizaciones.

Buscar analogías entre conceptos que aparentemente no se parecen es uno de los ejercicios más simples y más efectivos: elegí dos cosas al azar —un átomo y el sistema solar, una empresa y un jardín, una relación de pareja y un equipo deportivo— y preguntáte en qué se parecen realmente, más allá de lo obvio. Al principio cuesta, y está bien que cueste: ese esfuerzo es justamente el que entrena la capacidad.

Resumir una idea compleja en una sola oración, o mejor aún, en una metáfora, obliga a identificar cuál es la esencia de algo y descartar los detalles accesorios. Si terminás de leer un artículo largo o de ver una película, intentá explicar de qué trataba en una frase, sin usar los nombres propios de los personajes o del tema puntual —esa restricción te empuja a encontrar el patrón general.

Los juegos de categorización con atributos no obvios también ayudan bastante: agrupar objetos, personas o situaciones no por su categoría evidente (frutas, animales, colores) sino por un criterio menos directo, como "cosas que dan la sensación de estar incompletas" o "situaciones donde menos es más". Este tipo de clasificación fuerza a pensar en propiedades abstractas en vez de categorías predefinidas.

Los acertijos de patrones visuales —esas series de figuras donde hay que deducir cuál sigue, del estilo de los que se usan en pruebas de razonamiento— son otro clásico con buena razón: exigen extraer la regla que gobierna una secuencia sin que nadie te la diga explícitamente, que es la esencia misma de abstraer.

Y el ejercicio del "¿y si...?" —imaginar qué pasaría si una regla conocida cambiara, o qué pasaría si aplicaras la lógica de un ámbito de tu vida a otro completamente distinto— entrena la generalización, que es, en el fondo, de lo que se trata pensar en abstracto.

Lo que la evidencia dice sobre entrenar esto

Aunque suene extraño mezclar pensamiento abstracto con neurociencia infantil, hay hallazgos interesantes que aplican también a personas adultas. Wang, Sheng, Chang y Zhou (2022) encontraron que entrenar la memoria de trabajo durante un período breve mejoró la inteligencia fluida —esa capacidad de razonar con información nueva, sin depender de conocimientos ya adquiridos, que está estrechamente ligada al pensamiento abstracto— y que la mejora estaba relacionada con una mayor capacidad de inhibir respuestas automáticas. Traducido a términos prácticos: parte de pensar en abstracto tiene que ver con la capacidad de frenar la respuesta obvia y literal el tiempo suficiente como para buscar una más elaborada. Eso es justamente lo que exigen ejercicios como buscar la analogía menos evidente en vez de conformarse con la primera que aparece.

Obviamente esto no agota el tema: el pensamiento abstracto también se apoya en la cantidad y variedad de experiencias que uno acumula, porque cuantas más situaciones distintas conocés, más material tenés para encontrar patrones entre ellas. Leer sobre temas variados, exponerte a formas de pensar distintas a la propia y salir del círculo de contenido que el algoritmo ya sabe que te gusta ayuda tanto como cualquier ejercicio puntual. Si además te interesa fortalecer la capacidad de sacar conclusiones y detectar falacias con esa información, en esta misma serie hay un artículo dedicado a "Ejercicios simples para Razonamiento" que complementa bastante bien lo que se trabaja acá.

Si querés conocer más, te recomiendo:

Jaramillo Naranjo, L. M., & Puga Peña, L. A. (2016). El pensamiento lógico-abstracto como sustento para potenciar los procesos cognitivos en la educación. Sophia, Colección de Filosofía de la Educación, 21(2), 31-55. https://doi.org/10.17163/soph.n21.2016.01

Wang, L., Sheng, A., Chang, L., & Zhou, R. (2022). Improving fluid intelligence of children through working memory training: The role of inhibition control. Frontiers in Psychology, 13, 1025036. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2022.1025036

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Galo Guerra-Vargas

Psicólogo, sexólogo.

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