Blog —

Pareja

El abrazo y las caricias en la pareja: lo que dice la ciencia

El abrazo y las caricias en la pareja: lo que dice la ciencia

El abrazo y las caricias en la pareja: lo que dice la ciencia

By

Galo Guerra

8

Min Lectura

Galo Guerra-Vargas

Psicólogo, sexólogo.

Le damos mucho peso a las palabras dentro de una relación de pareja... a lo que se dice, a lo que no se dijo, a cómo se dijo. Y con razón, la comunicación importa. Pero hay un lenguaje más antiguo que las palabras, uno que usamos desde que nacemos y que en la vida adulta solemos dejar en segundo plano: el contacto físico. Un abrazo sostenido, una mano en la espalda, una caricia sin razón aparente mientras se ve televisión... ese tipo de gestos que no buscan llevar a nada más, y que, aunque suene extraño, pueden decir más que una conversación larga.

El caso es que muchas parejas reservan el contacto físico casi exclusivamente para el encuentro sexual, y dejan por fuera todo ese repertorio de toques cotidianos que, en realidad, sostienen el vínculo en el día a día.

El abrazo que calma el cuerpo

No es una simple frase bonita decir que un abrazo "calma"... hay evidencia de que efectivamente lo hace. Un estudio publicado en PLOS ONE encontró que, en mujeres, un abrazo breve con la pareja romántica antes de una situación estresante reducía de forma medible la liberación de cortisol —la hormona del estrés— frente a quienes no reciben ese abrazo (Berretz et al., 2022). Curiosamente, el mismo efecto no apareció con la misma claridad en los hombres, lo cual sugiere que el cuerpo de cada persona puede procesar el contacto físico de forma distinta.

Esto tiene una explicación fisiológica: la piel cuenta con un tipo particular de fibras nerviosas, las fibras C-táctiles, que se activan específicamente con el toque suave y sostenido, y que envían al cerebro una especie de "señal de seguridad". No es casualidad que, ante un abrazo largo, el cuerpo tienda a relajarse solo... eso no depende de la voluntad, es una respuesta que el organismo ya trae programada.

Lo que dice la evidencia cuando se suman miles de personas

Ello puede ocurrir por múltiples razones, pero cuando la ciencia junta muchos estudios pequeños en uno grande, el panorama se aclara bastante. Una revisión sistemática publicada en Nature Human Behaviour, que analizó datos de más de 200 estudios y cerca de 13.000 personas, encontró que las intervenciones de contacto físico eran particularmente eficaces para regular el cortisol y para reducir el dolor percibido, tanto en población sana como —de forma aún más marcada— en personas con dificultades físicas o emocionales (Packheiser et al., 2024). No está demás señalar que este efecto no depende de una técnica sofisticada: alcanza con el contacto sostenido y genuino, sin necesidad de ningún ritual especial.

El apego también se construye con las manos

Aunque solemos pensar el apego como algo que se resuelve hablando —poniendo límites, validando emociones, teniendo "la conversación"—, buena parte de ese trabajo también ocurre en silencio, a través del cuerpo. Una revisión reciente sobre apego emocional en las relaciones de pareja recuerda que los vínculos afectivos que aprendimos en la infancia siguen moldeando, en la adultez, la forma en que buscamos y recibimos cercanía física con quien amamos (Ponce Rodríguez, 2024). Las personas con un apego más seguro suelen sentirse cómodas tanto dando como recibiendo contacto físico sin necesidad de que este siempre "signifique algo más"; a quienes les cuesta más la cercanía, en cambio, a veces les toma tiempo y práctica sostenida acostumbrarse a un abrazo que no pide nada a cambio.

¿Por qué dejamos de tocarnos?

Por las mismas razones de siempre: la rutina, el cansancio, los hijos correteando por la casa, el celular que se interpone entre dos personas sentadas en el mismo sofá. Y hay algo más, que en consulta aparece seguido: muchas parejas, sin darse cuenta, empiezan a asociar todo contacto físico con una intención sexual, y entonces evitan el abrazo espontáneo por miedo a que se malinterprete, o directamente lo saltan porque "no hay tiempo para eso ahorita". Con el tiempo, esa asociación termina empobreciendo el repertorio de cercanía de la pareja, dejando solo dos extremos: nada de contacto, o sexo.

Hay también un factor cultural que no conviene ignorar: a muchas personas se les enseñó, desde niñas, que el contacto físico se reserva para momentos "especiales" o para parejas nuevas y acarameladas, y que sostenerlo con los años resulta cursi o innecesario. Nada más lejos de la realidad... si algo muestra la evidencia es justamente lo contrario: el contacto sostenido en el tiempo es el que más beneficios trae, precisamente porque deja de depender de la novedad para sostenerse.

Recomendaciones prácticas para recuperar el contacto

No hace falta ninguna coreografía especial para esto, más bien lo contrario: conviene que sea simple y sin presión. Sostener el abrazo un poco más de lo automático —esos primeros segundos incómodos donde parece que "ya se debería soltar" son, justamente, los que más aportan. Tocarse sin que sea el inicio de otra cosa: una mano en el hombro al pasar por la cocina, los pies entrelazados viendo una película, un masaje breve sin que termine necesariamente en algo más. Y, sobre todo, hablarlo cuando alguno de los dos siente que el contacto ha quedado reducido casi por completo al terreno sexual, porque nombrarlo en voz alta suele bastar para empezar a ampliarlo de nuevo.

Para cerrar

Obviamente esto no agota el tema: hay personas para quienes el contacto físico nunca ha sido su forma principal de expresar o recibir afecto, y está bien, cada quien tiene su propio lenguaje. Pero si notás que en tu relación el cuerpo casi no se toca fuera del encuentro sexual, vale la pena probar, sin presión ni fecha límite, a devolverle al abrazo su lugar de gesto cotidiano... y ver, con calma, qué cambia.

Si querés conocer más, te recomiendo:

Berretz, G., Cebula, C., Wortelmann, B. M., Papadopoulou, P., Wolf, O. T., & Ocklenburg, S. (2022). Romantic partner embraces reduce cortisol release after acute stress induction in women but not in men. PLOS ONE, 17(5), e0266887. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0266887
Packheiser, J., Hartmann, H., Fredriksen, K., Gazzola, V., Keysers, C., & Michon, F. (2024). A systematic review and multivariate meta-analysis of the physical and mental health benefits of touch interventions. Nature Human Behaviour, 8, 1088–1107. https://doi.org/10.1038/s41562-024-01841-8
Ponce Rodríguez, J. Y. (2024). El apego emocional en las relaciones de pareja. Revisión narrativa. Revista Científica de Psicología NUNA YACHAY, 6(12), 70–81.

Conoce más del autor/a :

Conoce más del autor/a :

Galo Guerra-Vargas

Psicólogo, sexólogo.

Únetenos

¿Deseas nuestras noticias?

Unetenos para recibir noticias del blog y formaciones

Únetenos

¿Deseas nuestras noticias?

Unetenos para recibir noticias del blog y formaciones

Únetenos

¿Deseas nuestras noticias?

Unetenos para recibir noticias del blog y formaciones