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Las mascotas como técnica de grounding

Las mascotas como técnica de grounding

Las mascotas como técnica de grounding

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Galo Guerra-Vargas

Psicólogo, sexólogo.

Hay algo que muchas personas con ansiedad, trauma o episodios de pánico han notado antes de que nadie se los enseñara: cuando el perro se sube a la cama en el peor momento, o cuando el gato empieza a ronronear encima del pecho, algo cambia. La respiración se altera un poco. Los pensamientos acelerados pierden velocidad. El cuerpo, aunque sea por un momento, recuerda que sigue aquí.

El caso es que eso no es magia, ni tampoco es solo "el amor de los animales". Hay una explicación fisiológica bastante clara detrás de ese fenómeno, y tiene todo que ver con lo que en el artículo anterior exploramos como grounding: la capacidad de usar estímulos del presente para interrumpir un ciclo de activación del sistema nervioso.

¿Por qué las mascotas funcionan como ancla?

Hay que recordar que el grounding funciona porque dirige la atención hacia estímulos sensoriales concretos del presente, lo cual activa la corteza sensorial y compite con la respuesta de alarma de la amígdala. Las mascotas hacen exactamente eso, pero de una manera que ningún ejercicio estructurado puede replicar del todo: lo hacen de forma espontánea, sin que tengamos que recordar hacerlo, y con una carga afectiva que potencia el efecto.

Cuando acariciás a un animal, se activa la liberación de oxitocina —la llamada "hormona del vínculo"—, que tiene un efecto directo sobre la reducción del cortisol, la hormona del estrés. Además, el contacto físico con el pelaje, la temperatura corporal del animal y su peso sobre el cuerpo activan receptores propioceptivos y cutáneos que le envían al cerebro información precisa sobre el aquí y ahora. Ello puede ocurrir por múltiples razones, pero el resultado es siempre el mismo: el sistema nervioso empieza a salir del modo alarma.

No está demás señalar que el ronroneo de un gato, en particular, tiene una frecuencia que oscila entre 25 y 150 Hz, rango que coincide con frecuencias estudiadas por sus efectos calmantes y hasta regenerativos sobre el tejido muscular y óseo. Aunque suene extraño, hay investigación que sugiere que la vibración del ronroneo podría tener efectos físicos más allá del sistema nervioso. Obviamente esto no agota el tema, pero ya da una idea de cuántas capas tiene este fenómeno.

Los canales sensoriales que activan

Una mascota puede activar casi todos los canales del grounding sensorial al mismo tiempo, algo que pocas técnicas logran de manera tan natural:

•       Táctil: el contacto con el pelaje, las almohadillas, la temperatura corporal del animal. Tocar algo vivo y cálido es una de las experiencias sensoriales más inmediatas y anclantes que existen.

•       Auditivo: la respiración del animal, el ronroneo, los sonidos que hace. Son ruidos rítmicos, predecibles, que le comunican al sistema nervioso que el entorno es seguro.

•       Visual: el movimiento del animal, su mirada, su postura relajada. Ver a un ser vivo en calma tiene un efecto co-regulador: el sistema nervioso tiende a "leer" el estado emocional de los seres que nos rodean, y un animal tranquilo envía una señal implícita de que no hay peligro.

•       Propioceptivo: el peso del animal sobre el cuerpo —especialmente perros grandes— activa la conciencia corporal de manera muy directa. No es casualidad que las mantas de peso sean una herramienta clínica reconocida: el principio es el mismo.

La presencia que no juzga

Hay algo más que vale la pena nombrar, aunque se salga un poco del terreno neurobiológico: las mascotas no interpretan lo que está pasando. No le ponen nombre al episodio, no ofrecen consejo, no se incomodan con el llanto ni con el silencio, simplemente "están". Y esa presencia sin agenda tiene un efecto regulador que muchas veces la interacción humana, por bien intencionada que sea, no logra en esos momentos.

En términos terapéuticos, eso tiene un nombre: co-regulación. Hoy día sabemos que el sistema nervioso de un ser vivo puede "contagiar" su estado de calma al de otro a través de señales no verbales: tono muscular, ritmo respiratorio, expresión. Los animales de compañía son, en ese sentido, co-reguladores naturales extraordinariamente eficientes.

Cómo usarlo de manera intencional

La buena noticia es que no hay que esperar a que el episodio llegue para aprovechar esto. Se puede practicar el grounding con mascotas de manera intencional, convirtiendo un momento cotidiano en un ejercicio de regulación:

•       Tocar con atención plena: en lugar de acariciar al animal en piloto automático mientras mirás el teléfono, intentar hacerlo con atención plena. ¿Cómo se siente el pelaje? ¿Está frío o cálido? ¿Qué tan rápido respira el animal?

•       Sincronizar la respiración: observar cómo sube y baja el costado del animal al respirar, e intentar acompasar la propia respiración a ese ritmo. Es una forma suave de entrenamiento respiratorio que no se siente como ejercicio.

•       Nombrar en voz alta: decirle al animal —sí, hablarle— cómo se está sintiendo uno en ese momento. El acto de verbalizar activa el hemisferio izquierdo del cerebro y ayuda a organizar la experiencia emocional. El animal no entiende las palabras, pero la persona sí se escucha.

•       Pasear con conciencia: el paseo del perro, que a veces se vive como una obligación, puede convertirse en un ejercicio de grounding físico: atención a los pies en el suelo, al ritmo del caminar, al movimiento del animal, al entorno. Doble beneficio: regulación para los dos.

Para cerrar

Las mascotas no reemplazan la psicoterapia, ni los medicamentos cuando estos son necesarios, ni ningún otro recurso clínico. Pero sí son, para muchas personas, uno de los recursos de regulación más accesibles, más inmediatos y más subvalorados que tienen disponibles. Y ahora, al menos, ya sabés por qué.

La próxima vez que tu perro se recueste a tu lado en un momento difícil o tu gato aparezca de la nada cuando más lo necesitás... ya sabés que no es coincidencia. Ellos no saben que están haciendo grounding... pero vos sí.

Si querés conocer más, te recomiendo:

•       Beetz, A., Uväs-Moberg, K., Julius, H., & Kotrschal, K. (2012). Psychosocial and psychophysiological effects of human-animal interactions: The possible role of oxytocin. Frontiers in Psychology, 3, 234. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2012.00234

•       Fine, A. H. (Ed.). (2019). Handbook on animal-assisted therapy: Foundations and guidelines for animal-assisted interventions (5th ed.). Academic Press.

•       Porges, S. W. (2011). The polyvagal theory: Neurophysiological foundations of emotions, attachment, communication, and self-regulation. W. W. Norton & Company.

•       Serpell, J. A. (2019). Animal-assisted interventions in historical perspective. En A. H. Fine (Ed.), Handbook on animal-assisted therapy (5th ed., pp. 13–22). Academic Press.

•       Uvnäs-Moberg, K., Handlin, L., & Petersson, M. (2015). Self-soothing behaviors with particular reference to oxytocin release induced by non-noxious sensory stimulation. Frontiers in Psychology, 5, 1529. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2014.01529

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