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Sexualidad

¿Qué es la asexualidad? Una guía sin mitos

¿Qué es la asexualidad? Una guía sin mitos

¿Qué es la asexualidad? Una guía sin mitos

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Galo Guerra

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Galo Guerra-Vargas

Psicólogo, sexólogo.

Hay una suposición que casi nadie cuestiona: que todo el mundo, tarde o temprano, siente atracción sexual por alguien. Se da tan por hecho que cuando una persona no la siente —nunca, o casi nunca— suele pasar años pensando que algo anda mal con ella. El caso es que no anda mal nada... simplemente existe una orientación sexual, la asexualidad, que nuestra cultura rara vez explica bien, y que por eso mismo se presta a malentendidos, susto y hasta cierta burla poco informada.

Quiero dedicar este artículo a explicarla con calma, porque en consulta me he encontrado con personas que llegan angustiadas por algo que, en realidad, no requiere ningún arreglo.

Qué es (y qué no es) la asexualidad

De forma sencilla: una persona asexual es aquella que experimenta poca o ninguna atracción sexual hacia otras personas, con independencia de su género. Ojo, dije atracción sexual, no deseo ni comportamiento sexual... esa distinción importa muchísimo, y es precisamente donde más se confunde la gente.

Una persona asexual puede masturbarse, puede sentir excitación física, puede incluso tener relaciones sexuales por distintas razones (complacer a una pareja, tener hijos, curiosidad), sin que eso contradiga su orientación. Lo que no experimenta —o experimenta muy poco— es ese "querer tener sexo con alguien en particular" que sí sienten las personas alosexuales (es decir, no asexuales).

No está demás señalar tres cosas que la asexualidad NO es: no es celibato (que es una decisión consciente de no tener sexo, independiente de si hay o no atracción), no es un trastorno de deseo sexual hipoactivo (que es una condición clínica, generalmente angustiante para quien la vive), y no es, salvo excepción puntual, una consecuencia automática de algún trauma. Una revisión reciente sobre el tema en la literatura científica es clara al respecto: la asexualidad no se considera una variante del trastorno de deseo sexual hipoactivo ni un trastorno en sí mismo (Catri, 2016).

El espectro asexual

Aunque suene extraño para quien escucha el término por primera vez, la asexualidad no es un interruptor de todo o nada... es un espectro, con matices bastante reales para quienes lo viven.

Dentro de ese espectro aparece, por ejemplo, la demisexualidad: personas que sí pueden sentir atracción sexual, pero únicamente después de desarrollar un vínculo emocional profundo con alguien —no ante un desconocido atractivo, por más atractivo que sea. También está la grisexualidad (o "gray-a"), que describe a quienes sienten atracción sexual de forma muy ocasional, ambigua o de baja intensidad, sin encajar del todo ni en "asexual" ni en "alosexual".

Ello puede ocurrir por múltiples razones y con distinta intensidad en cada persona, lo cual hace que el espectro asexual sea, en la práctica, una paleta de experiencias más que una categoría única y cerrada.

Un dato que sorprende a muchas personas

De acuerdo con uno de los estudios más citados sobre el tema, realizado con una muestra representativa a nivel nacional en Reino Unido con más de 18.000 personas, aproximadamente el 1% de la población podría identificarse como asexual (Bogaert, 2004). No es un porcentaje enorme, pero tampoco es insignificante... si hacés la cuenta, en cualquier salón lleno de gente es bastante probable que haya, estadísticamente, al menos una persona asexual, aunque nunca lo haya dicho en voz alta.

Asexualidad y relaciones de pareja

Aquí viene una de las confusiones más comunes: pensar que una persona asexual no puede, o no quiere, tener pareja. Falso. La atracción sexual es solo un tipo de atracción entre varias —también existe la atracción romántica, la estética, la emocional— y estas no siempre van pegadas entre sí.

Dicho de otro modo: hay personas asexuales que sí sienten atracción romántica (se les suele llamar "alorrománticas") y construyen relaciones de pareja convencionales, con toda la intimidad emocional que eso implica, aunque el componente sexual tenga un lugar distinto o esté ausente. Y hay personas que, además de asexuales, son arrománticas, es decir que tampoco sienten esa atracción romántica particular... y construyen sus vínculos afectivos más importantes fuera del molde de "pareja romántica", con amistades profundas, por ejemplo.

Cuando una persona asexual tiene pareja alosexual, suele hacer falta una conversación honesta sobre expectativas: qué lugar tendrá el sexo en la relación, si habrá negociación, apertura, o alguna otra fórmula que funcione para ambos. No hay una receta universal... cada pareja construye la suya, igual que ocurre con cualquier otra diferencia de deseo dentro de una relación.

Asexualidad, estigma y salud mental

Aquí conviene detenerse en un punto delicado, porque suele malinterpretarse. Algunos estudios encuentran que las personas asexuales presentan, en conjunto, un porcentaje algo mayor de dificultades de salud mental que la población alosexual... y esto se ha usado, equivocadamente, para argumentar que la asexualidad "es" un problema psicológico. La lectura correcta es otra, y bastante distinta: esa asociación se explica por el estigma social y la discriminación que enfrentan las personas asexuales —la burla, la invalidación constante, la presión a "curarse"— y no por la orientación en sí misma (Catri, 2016).

Es la misma lógica que ya conocemos de otras poblaciones históricamente invalidadas: no es la identidad la que genera malestar, sino el entorno que la rodea con sospecha, chiste fácil o negación. Vale la pena tenerlo presente antes de asumir que "algo hay que arreglar" cuando alguien dice sencillamente "soy asexual".

Mitos que vale la pena desmontar

"Es que no ha conocido a la persona correcta." Este es, probablemente, el mito más insistente, y también uno de los más invalidantes... da a entender que la asexualidad es un problema por resolver, cuando en realidad es una forma legítima de experimentar (o no experimentar) la atracción sexual. "Es una fase, ya se le va a pasar." Para algunas personas la asexualidad puede coexistir con otras etapas de autoconocimiento y sí, la forma en que alguien se nombra puede cambiar con el tiempo, como pasa con cualquier orientación... pero eso no la vuelve menos real mientras se vive. "Seguro tuvo una mala experiencia sexual." Puede que sí, puede que no: la asexualidad no requiere una explicación traumática detrás, igual que tampoco se le exige esa explicación a alguien heterosexual u homosexual. "Si se masturba o alguna vez tuvo sexo, entonces no es asexual." Tampoco es cierto, y ya lo mencionamos arriba: el comportamiento sexual y la atracción sexual son cosas distintas, y pueden coexistir sin contradicción alguna.

Qué hacer si creés que quizás seas asexual

No hace falta apurarse a ponerle una etiqueta definitiva a lo que sentís (o no sentís). Podés simplemente observar tu propia experiencia con curiosidad, sin presión: ¿sentís atracción sexual hacia personas específicas, o más bien apreciás la belleza sin ese componente particular? ¿Te genera malestar la ausencia de deseo, o más bien te genera malestar que los demás insistan en que debería estar ahí?

Esa segunda pregunta es clave: si la ausencia de atracción sexual no te genera angustia personal, probablemente no haga falta "tratar" nada... simplemente conocerte mejor. Si, en cambio, sí sentís malestar, confusión, o querés simplemente tener un espacio para pensarlo con alguien que no te va a juzgar, ahí sí puede ser útil una consulta de orientación sexológica, no para "corregir" nada, sino para acompañarte a entenderlo.

Para cerrar

Obviamente esto no agota el tema: dentro del espectro asexual hay tantas experiencias particulares como personas que lo viven, y la investigación sobre el tema todavía sigue creciendo. Pero si algo espero que te lleves de este artículo es que la ausencia de atracción sexual no es una falla que corregir ni un misterio que resolver... es, sencillamente, otra forma más de estar en el mundo y de relacionarse con los demás.

Si querés conocer más, te recomiendo:

Bogaert, A. F. (2004). Asexuality: Prevalence and associated factors in a national probability sample. The Journal of Sex Research, 41(3), 279–287. https://doi.org/10.1080/00224490409552235
Catri, F. (2016). Revisión narrativa de la asexualidad en la especie humana como una orientación sexual. Apuntes de Psicología, 34(1), 5–18. https://doi.org/10.55414/h0x2n105

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Galo Guerra-Vargas

Psicólogo, sexólogo.

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