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Cuando abrir, cuando ajustar y cuando cerrar una relación abierta

Cuando abrir, cuando ajustar y cuando cerrar una relación abierta

Cuando abrir, cuando ajustar y cuando cerrar una relación abierta

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Galo Guerra-Vargas

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Galo Guerra-Vargas

Psicólogo, sexólogo.

En la primera parte de este blog hablamos de que es una relación abierta, que la distingue de la infidelidad y por qué los acuerdos son su pieza más importante. Si aun no la has leído, te recomiendo empezar por ahí, porque este articulo parte de esa base.

Aquí vamos a entrar en terreno más práctico: cuando tiene sentido plantearse abrir una relación, como saber si los acuerdos están funcionando, y cuando lo más honesto es cerrarla o incluso terminarla. Obviamente esto no agota el tema, pero si puede ser un punto de partida para pensar con más claridad.

Cuando tiene sentido abrir una relación

La primera cosa que hay que tener clara es que abrir una relación no debería ser una respuesta a algo que ya está mal. No es un remedio para el aburrimiento, ni un parche para la distancia emocional, ni una estrategia para retener a alguien que ya quiere irse. Si la relación tiene problemas de base, abrirla los va a amplificar, no a resolver.

Una relación abierta tiene más sentido cuando parte de una base sólida: dos personas que se llevan bien, que se comunican con honestidad, que están satisfechas con lo que tienen juntas, y que además comparten una misma curiosidad o inclinación hacia este modelo. Es decir, cuando no abre desde la carencia sino desde la abundancia.

El caso es que muchas parejas llegan a este planteamiento de formas muy distintas. Algunos lo conversan desde el inicio del noviazgo. Otros lo proponen después de años de relación exclusiva. En algunos casos surge de una experiencia puntual que abrió la conversación. No hay un momento correcto, siempre y cuando ambas personas estén genuinamente a bordo.

Ello puede ocurrir por múltiples razones, pero lo que si debería estar presente en cualquiera de esos casos es tiempo para hablarlo sin presión, espacio para que cada quien exprese sus dudas, y disposición real de ambas partes. No es una decisión que se toma en una noche.

Los celos en una relación abierta: lo que nadie quiere admitir

Aunque suene extraño, los celos no desaparecen automáticamente cuando una pareja decide abrir su relación. Siguen apareciendo, especialmente al principio, y no esta demás señalarlo porque mucha gente entra a este modelo creyendo que no los va a sentir, o creyendo que sentirlos significa que no es para ellos.

La diferencia es que, en una relación abierta, los celos no tienen el mismo rol que en una relación exclusiva. No son una señal de amor, no son un mecanismo de control legítimo, y no son un argumento válido para cancelar los acuerdos. Son una emoción que aparece, que se observa, y que se trabaja, muchas veces con el apoyo de la pareja central.

Investigaciones recientes han mostrado que las personas en relaciones no monógamas consensuadas tienden a reportar niveles de confianza e intimidad comparables o superiores a los de parejas monógamas, junto con niveles de celos más bajos (Conley et al., 2017). Pero eso no llega solo: es resultado de trabajo emocional sostenido, no de una decisión en el vacío.

Si los celos aparecen con mucha intensidad y de forma repetida, eso no significa necesariamente que el modelo no sea para esa persona. Puede significar que hay algo que revisar en los acuerdos, o que hay una inseguridad subyacente que vale la pena atender, sea en terapia individual, en terapia de pareja, o en ambas.

Como saber si los acuerdos están funcionando

Una relación abierta no se abre una vez y ya. Los acuerdos se van ajustando con el tiempo, según cambian las circunstancias, las necesidades o las experiencias de ambas personas. Eso es normal y esperable.

Algunas señales de que los acuerdos están funcionando bien son: ambas personas sienten que sus necesidades están siendo respetadas; hay comunicación fluida sobre lo que pasa con terceros, sin dramatismo, pero sin ocultamiento; ninguno de los dos siente que está sacrificando algo importante para mantener el modelo; y la relación central sigue siendo prioridad real, no solo de palabra.

Por el contrario, hay algunas señales de alerta que vale la pena tomar en serio: uno de los dos está cumpliendo los acuerdos por miedo a perder al otro; hay información que se oculta porque uno sabe que la otra persona se va a molestar; los encuentros con terceros se están convirtiendo en una forma de evitar la pareja central; o hay un involucramiento afectivo con un tercero que no estaba contemplado en los acuerdos.

Cuando aparecen esas señales, no está demás sentarse a revisar lo que se estableció. A veces basta con ajustar un acuerdo. Otras veces la conversación lleva a replantear el modelo completo.

Cuando cerrar la relación abierta

Cerrar una relación abierta significa volver a la exclusividad sexual por decisión mutua. Y si, esto es una opción válida y a veces la más sensata.

Puede tener sentido cerrarla cuando uno de los dos ya no se siente cómodo con el modelo, pero al principio no lo quiso decir; cuando las circunstancias de vida cambiaron, por ejemplo, llega un hijo, hay una enfermedad, o hay un periodo de mucho estrés; o simplemente cuando la pareja siente que ya no le interesa ese estilo y prefiere volver a la exclusividad.

Lo importante aquí es que el cierre también sea un acuerdo genuino, no una imposición de uno sobre el otro. Y que se hable con la misma honestidad con la que se abrió en su momento.

Cuando terminar la relación

Esto tal vez es lo que menos se habla, pero es igualmente necesario. Una relación abierta puede terminar por las mismas razones que termina cualquier otra relación: incompatibilidad de valores, perdida del vínculo afectivo, daño en la confianza, o simplemente que cada quien va en una dirección distinta.

Pero también puede terminar por razones más específicas al modelo: porque uno de los dos se enamoró de un tercero y ya no puede sostener los acuerdos originales; porque el nivel de malestar emocional que genera el modelo es mayor que el bienestar que aporta; o porque uno de los dos nunca estuvo realmente de acuerdo y lo tolero en silencio por mucho tiempo.

Ninguna de esas razones es vergonzosa ni es un fracaso. Una relación que termina con claridad y con respeto mutuo puede ser mucho más sana que una que se sostiene por inercia o por miedo.

En muchos de estos momentos de revisión, sea para ajustar acuerdos, cerrar la apertura o tomar la decisión de terminar, contar con el apoyo de un servicio de psicología puede hacer una diferencia importante. No porque la pareja este enferma ni rota, sino porque hay conversaciones que se tienen mejor con un tercero que ayude a escuchar y a ordenar lo que se está viviendo...

Si quieres conocer más, te recomiendo:

Conley, T. D., Matsick, J., Moors, A. C., & Ziegler, A. (2017). Investigation of consensually nonmonogamous relationships: Theories, methods and new directions. Perspectives on Psychological Science, 12(2), 205-232. https://doi.org/10.1177/1745691616667925

Easton, D., & Hardy, J. W. (2017). The ethical slut: A practical guide to polyamory, open relationships, and other freedoms in sex and love (3a ed.). Ten Speed Press.

Touriño, L., Cuenya, L., Coldeira, M. F., & Contigiani, M. F. (2023). Poliamor y relaciones no monógamas consensuadas: una revisión sistemática. En XV Congreso Internacional de investigación y Practica Profesional en Psicología. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires.

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Galo Guerra-Vargas

Psicólogo, sexólogo.

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