
Hay parejas que dejan de besarse mucho antes de dejar de quererse... y ni cuenta se dan. El beso de buenos días se vuelve un roce automático, el de despedida se transforma en un "portate bien" dicho de lejos, y el beso apasionado —ese que hacía que el tiempo se detuviera un poco— queda relegado a las fechas especiales, si es que aparece. El caso es que nadie decide conscientemente dejar de besar a su pareja: simplemente ocurre, de a poquitos, hasta que un día se nota la ausencia.
Quiero detenerme en esto porque en consulta lo veo seguido: personas que llegan preocupadas porque "ya no sienten lo mismo", y cuando profundizamos, resulta que llevan meses —a veces años— sin besarse de verdad. No es que el amor se haya ido... es que uno de sus canales de expresión más antiguos se apagó sin que nadie lo notara.
Más que un gesto romántico
Besar no es solo un símbolo cultural del amor... es, además, un evento biológico bastante complejo. Cuando dos personas se besan, se activa una cascada de reacciones que involucra oxitocina (la hormona asociada al apego), dopamina (asociada al placer) y, en muchos casos, una reducción del cortisol, la hormona del estrés.
Esto no es una afirmación al aire: un estudio con parejas casadas y en unión libre encontró que quienes aumentaban intencionalmente la frecuencia de sus besos mostraban niveles más bajos de estrés percibido y mayor satisfacción en la relación que quienes no lo hacían (Floyd et al., 2009). Ojo, no se trata de besar por besar como quien cumple una tarea de la casa... la clave parece estar en que el gesto sea genuino y no mecánico.
Lo que dice la evidencia sobre las parejas que se siguen besando
Ello puede ocurrir por múltiples razones, pero la investigación en psicología evolutiva ha encontrado algo interesante: el beso no es solo un preámbulo del sexo, cumple funciones propias dentro del vínculo. Un estudio de Wlodarski y Dunbar (2013), publicado en Archives of Sexual Behavior, mostró que las personas —sobre todo las mujeres— usan el beso como una forma de "evaluar" la compatibilidad con la pareja al inicio de una relación, y que ese mismo gesto sigue sirviendo, más adelante, para mantener y reforzar el apego una vez que la relación ya está establecida.
Dicho de otro modo: besarse no es algo que se hace solo al principio, cuando todo es nuevo y hay mariposas en el estómago... es una herramienta que la pareja sigue necesitando, aunque ya lleve años de casada o de convivencia. Los mismos autores encontraron que la frecuencia con que una pareja se besa puede funcionar casi como un termómetro de la salud del vínculo, incluso más que otros indicadores más obvios.
El beso como lenguaje que no necesita palabras
No está demás señalar que el beso forma parte de algo más amplio: el placer sexual y afectivo entendido de forma integral, no reducido al coito. En un estudio mexicano sobre cómo las personas construyen su definición de placer sexual, el "besar" apareció de forma recurrente como uno de los elementos que la gente asocia espontáneamente con la afectividad dentro de la actividad sexual y de pareja (Trejo Pérez & Díaz Loving, 2017). Esto confirma algo que probablemente ya intuías: el beso no es un "extra" antes del sexo, es parte del mismo lenguaje afectivo, con valor propio.
¿Por qué se nos olvida besarnos?
Aunque suene extraño, la explicación casi nunca tiene que ver con falta de amor. Tiene que ver con la rutina. Con los hijos que interrumpen en el momento menos esperado. Con el cansancio de después del trabajo. Con la costumbre de convertir el beso en un gesto puramente social —el beso de saludo, el beso de "ya llegué"— y dejar de lado el beso que realmente comunica algo.
Vale la pena mencionar también un matiz que aparece en la literatura: la satisfacción con los besos dentro de la relación se ha asociado de forma más consistente con la satisfacción general en mujeres que en hombres (Wlodarski & Dunbar, 2013). Esto no quiere decir que a los hombres no les importe el beso... simplemente parece pesar distinto en la ecuación de cada quien, y entenderlo ayuda a no interpretar como desamor lo que puede ser, sencillamente, una diferencia de énfasis.
Algunas ideas prácticas, sin convertirlo en tarea
Convendría, eso sí, no convertir esto en una obligación más de la lista de pendientes de la pareja... porque ahí perdería exactamente lo que lo hace valioso. Dicho esto, hay formas sencillas de recuperar el hábito sin forzar nada: volver a besarse al despedirse y al reencontrarse, no de paso, sino deteniéndose un segundo de más antes de salir corriendo; aprovechar momentos sin motivo aparente —lavando los trastes, viendo una serie, esperando que hierva el café— para un beso que no busca nada más que estar presente; y, sobre todo, permitirse besos que no sean el preámbulo de nada: ni del sexo, ni de una disculpa después de una discusión, ni de una despedida apurada camino a la puerta... solamente el gesto en sí mismo, sin agenda detrás.
Para cerrar
Obviamente esto no agota el tema: hay parejas que se besan poco y están perfectamente bien, y hay otras razones —más profundas— por las que dos personas se distancian, que no se resuelven con un beso. Pero si notás que hace tiempo no hay un beso de verdad en tu relación, vale la pena preguntarse por qué... no para alarmarse, sino para decidir con calma si eso es algo que querés recuperar, y cómo.
Si querés conocer más, te recomiendo:
Floyd, K., Boren, J. P., Hannawa, A. F., Hesse, C., McEwan, B., & Veksler, A. E. (2009). Kissing in marital and cohabiting relationships: Effects on blood lipids, stress, and relationship satisfaction. Western Journal of Communication, 73(2), 113–133. https://doi.org/10.1080/10570310902856071
Trejo Pérez, F., & Díaz Loving, R. (2017). Elaboración de una definición integral del placer sexual. Psicología Iberoamericana, 25(2), 8–16.
Wlodarski, R., & Dunbar, R. I. M. (2013). Examining the possible functions of kissing in romantic relationships. Archives of Sexual Behavior, 42(8), 1415–1423. https://doi.org/10.1007/s10508-013-0190-1






