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Higiene del sueño: lo que el cuerpo necesita que hagamos antes de acostarnos

Higiene del sueño: lo que el cuerpo necesita que hagamos antes de acostarnos

Higiene del sueño: lo que el cuerpo necesita que hagamos antes de acostarnos

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Galo Guerra-Vargas

Psicólogo, sexólogo.

Dormir bien es una de esas cosas que, mientras ocurre, nadie nota. Pero en cuanto falla, todo lo demás se resiente: el estado de ánimo, la concentración, el apetito, la paciencia, la capacidad de tomar decisiones… La lista es larga. Y sin embargo, el sueño sigue siendo una de las áreas de la salud a la que menos atención preventiva se le presta.

El caso es que muchas personas que duermen mal no tienen un trastorno del sueño propiamente dicho. Lo que tienen son hábitos y condiciones ambientales que dificultan que el cuerpo haga lo que naturalmente sabe hacer. A eso nos referimos cuando hablamos de higiene del sueño.

¿Qué es exactamente la higiene del sueño?

El término puede sonar clínico, pero la idea es sencilla: se trata del conjunto de prácticas y condiciones que favorecen un sueño de calidad. No es una lista de reglas, sino más bien un conjunto de señales que le enviamos al sistema nervioso para que pueda hacer la transición del estado de vigilia al sueño de forma más fluida.

El sueño no es un interruptor que se activa al cerrar los ojos. Es un proceso que el cerebro inicia mucho antes de que la persona se acueste, regulado principalmente por dos mecanismos: el ritmo circadiano —ese reloj interno de aproximadamente 24 horas que responde sobre todo a la luz— y la presión homeostática del sueño, que es la acumulación gradual de adenosina en el cerebro durante las horas de vigilia. Cuantas más horas llevamos despiertos, más adenosina hay, y mayor es la presión de dormir.

No está demás señalar que la cafeína funciona precisamente bloqueando los receptores de adenosina, lo que explica por qué su consumo en horas de la tarde puede interferir de forma significativa con el inicio del sueño (Walker, 2017).

Las prácticas que más inciden

Desde el enfoque clínico preventivo, estas son las áreas que con mayor frecuencia aparecen como factores de interferencia en el sueño de las personas:

  • Horarios irregulares. El ritmo circadiano prospera con la consistencia. Acostarse y levantarse a horas muy distintas cada día desestabiliza el reloj biológico, incluso cuando el total de horas dormidas parece suficiente. El fin de semana no es la excepción: el llamado ‘jet lag social’ —acostarse muchísimo más tarde el viernes y el sábado— tiene efectos reales sobre la calidad del sueño de los días siguientes.

  • Exposición a luz azul en las horas previas. Las pantallas emiten luz en el espectro azul, que inhibe la producción de melatonina, la hormona que le indica al cerebro que es de noche. Ello puede ocurrir con apenas una o dos horas de exposición antes de acostarse, y el efecto es más pronunciado en ambientes oscuros.

  • Temperatura ambiental elevada. El cuerpo necesita bajar su temperatura central para iniciar y mantener el sueño. Un cuarto demasiado caliente dificulta ese proceso. La temperatura ideal del dormitorio se ubica, según la mayoría de la evidencia disponible, entre los 18 y los 20 grados centígrados.

  • Activación mental o emocional cercana al momento de dormir. Revisar correos de trabajo, tener conversaciones de alta carga emocional o consumir contenido que genere activación —noticias, discusiones en redes, contenido de suspenso— mantiene elevada la actividad del sistema nervioso simpático justo cuando el cuerpo necesita lo contrario.

  • Uso de la cama para actividades distintas al sueño. El cerebro aprende por asociación. Cuando la cama se convierte en el lugar donde también se trabaja, se ve televisión o se revisa el teléfono, la asociación entre ese espacio y el estado de alerta se refuerza. La higiene del sueño recomienda reservar la cama, en la medida de lo posible, para dormir.

Una aclaración que conviene hacer

Aunque suene extraño, aplicar correctamente todas estas recomendaciones no garantiza resultados inmediatos. El ritmo circadiano tarda varios días en ajustarse a nuevos horarios, y algunos hábitos requieren consistencia durante semanas para generar un cambio perceptible. Eso no significa que no funcionen; significa que el cuerpo necesita tiempo para reorganizarse.

También conviene decirlo con claridad: la higiene del sueño es una herramienta preventiva y de primera línea, pero no reemplaza la evaluación clínica cuando los problemas de sueño son crónicos, intensos o están asociados a otros síntomas. El insomnio clínico, la apnea del sueño y otros trastornos requieren un abordaje específico que va más allá de los hábitos.

Para cerrar

El sueño es uno de los pilares más subestimados de la salud física y mental. No duerme bien quien quiere, sino quien crea las condiciones para que eso sea posible. Y aunque esas condiciones varían de persona a persona, la mayoría de ellas están al alcance de cambios que no requieren ni mucho dinero ni mucho esfuerzo… solo algo de constancia y algo de atención.

Referencias

Buysse, D. J. (2014). Sleep health: Can we define it? Does it matter? Sleep, 37(1), 9–17. https://doi.org/10.5665/sleep.3298

Irish, L. A., Kline, C. E., Gunia, B. C., Buysse, D. J., & Hall, M. H. (2015). The role of sleep hygiene in promoting public health: A review of empirical evidence. Sleep Medicine Reviews, 22, 23–36. https://doi.org/10.1016/j.smrv.2014.10.001

Monk, T. H., Buysse, D. J., Billy, B. D., Fletcher, M. E., Kennedy, K. S., Begley, A. E., Potts, S., & Beach, S. R. (2011). Circadian type and bed-timing regularity in 654 retired seniors: Correlations with subjective sleep measures. Sleep, 34(2), 235–239. https://doi.org/10.1093/sleep/34.2.235

Roenneberg, T., Allebrandt, K. V., Merrow, M., & Vetter, C. (2012). Social jetlag and obesity. Current Biology, 22(10), 939–943. https://doi.org/10.1016/j.cub.2012.03.038

Walker, M. (2017). Why we sleep: Unlocking the power of sleep and dreams. Scribner

 

 

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