Blog —

Salud

Bienestar

¿Y si el propósito de la vida no fuera dejar de sufrir?

¿Y si el propósito de la vida no fuera dejar de sufrir?

¿Y si el propósito de la vida no fuera dejar de sufrir?

By

Karla Vargas Valladares

8

Min Lectura

Karla Vargas Valladares

Psicóloga

Después de años de atender la consulta psicológica, hay una respuesta que escucho con frecuencia entre mis consultantes. Cuando inicio un proceso terapéutico, suelo preguntarles qué esperan lograr de este proceso. Aunque cada persona llega con una historia diferente, muchas respuestas comparten una misma esperanza: dejar de sufrir. Algunas personas desean no volver a sentir ansiedad, mientras que otras esperan sentirse mejor para, finalmente, comenzar a vivir una vida que consideren valiosa.

Cuando comparten conmigo sus historias, comprendo que lo que expresan es una petición profundamente humana. Si una persona llega sintiendo dolor, miedo, ansiedad o desesperanza, es comprensible que desee que todo eso termine porque nadie quiere sufrir.

Las respuestas de mis consultantes también me han llevado a reflexionar sobre una idea que aprendemos culturalmente; se nos enseña que el propósito de la vida es alcanzar la felicidad y que una vida buena debería estar libre de sufrimiento.

Lo vemos incluso en los cuentos y las películas, cuando las historias terminan con la conocida frase «Y vivieron felices para siempre» o cuando una película tiene un desenlace triste, muchas personas desean que la historia hubiera terminado de otra manera, porque ese final les genera dolor.

En medio de esta búsqueda pueden aparecer preguntas como ¿Será que hay algo mal en mí?, ¿Por qué los demás sí pueden ser felices y yo no? o ¿Qué tengo de malo que no consigo alcanzar esa felicidad?

La promesa de que algún día todo estará bien

Nuestra cultura pocas veces nos prepara para atravesar el dolor. En muchas familias y contextos, el sufrimiento es un tema del que no se habla. En otros casos, se interpreta como un castigo, una prueba o la consecuencia de algo malo que supuestamente hicimos.

A lo largo de la vida aprendemos que debemos estudiar, trabajar, cumplir metas, construir relaciones y perseguir determinados logros, pero cuando nuestras condiciones económicas, sociales o personales dificultan alcanzarlos, podemos llegar a pensar «Nunca voy a poder lograrlo».

También depositamos en esos logros la promesa de que algún día estaremos completamente bien. Es entonces cuando aparecen pensamientos como «Cuando tenga dinero, podré vivir con tranquilidad», «Cuando encuentre una pareja que me ame, finalmente seré feliz», «Cuando consiga ese trabajo, sentiré que mi vida tiene sentido» o «Cuando deje de sentir ansiedad, podré comenzar a vivir».

Y no está mal querer mejorar nuestras condiciones de vida, sentirnos amados o alcanzar metas importantes. La dificultad aparece cuando creemos que alguno de esos logros garantizará una felicidad permanente o le dará, por sí solo, sentido a nuestra existencia.

La felicidad no es un lugar al que llegamos para quedarnos. Es una experiencia interna que aparece y desaparece. Aun cuando conseguimos aquello que deseábamos, la vida continúa trayendo cambios, pérdidas, incertidumbre y nuevas dificultades, pero a pesar de esto, seguimos esperando que, cuando todo esté bien, finalmente podremos comenzar a vivir.

Una vida que permanece en pausa

El problema aparece cuando comenzamos a posponer nuestra vida hasta que el malestar desaparezca y entonces pensamos «Cuando deje de tener miedo, hablaré de esto», «Cuando supere completamente la pérdida, volveré a disfrutar», «Cuando me sienta segura, tomaré una decisión» o «Cuando ya no tenga ansiedad, volveré a salir».

Es entonces cuando el sufrimiento deja de ser únicamente una experiencia dolorosa y comienza a convertirse en quien toma las decisiones. Empezamos a evitar lugares, conversaciones, recuerdos, vínculos o proyectos porque creemos que alejarnos de ellos nos protegerá, y muchas veces la evitación sí funciona a corto plazo, ya que produce alivio.

El no tener una conversación difícil puede disminuir momentáneamente el miedo, no asistir a un lugar puede reducir la ansiedad, mantenerse constantemente ocupado puede evitar, durante unas horas, el contacto con la tristeza. Sin embargo, ese alivio también puede tener un costo.

Desde la Terapia de Aceptación y Compromiso se ha estudiado este proceso bajo el concepto de evitación experiencial. Este concepto hace referencia a los intentos rígidos por controlar, eliminar o escapar de pensamientos, emociones, recuerdos y sensaciones internas, incluso cuando esas estrategias terminan alejándonos de aquello que es importante para nosotros (Luciano y Hayes, 2001; Luciano y Valdivia, 2006).

Esto no significa que la persona elija sufrir ni que deba soportar el dolor pasivamente. Significa que la lucha constante por no sentir puede terminar ocupando más espacio que la propia experiencia que intentábamos evitar.

Construir una vida con sentido

Tal vez una vida con sentido no sea aquella en la que todo sale bien, sino una vida en la que elegimos cuidar, amar, aprender, acompañar, crear o contribuir, aun cuando también existan pérdidas y momentos difíciles. El sentido no siempre aparece antes de actuar. Muchas veces se construye mientras damos pequeños pasos.

Podemos no sentirnos completamente preparados y, aun así, acercarnos a alguien. Podemos sentir miedo y mantener una conversación necesaria. Podemos estar atravesando un duelo y permitirnos conservar algún vínculo con la vida.

También podemos no tener todas las respuestas y comenzar a actuar de acuerdo con aquello que consideramos importante. Esto no elimina el sufrimiento, pero puede evitar que ocupe todo el espacio.

Una pregunta diferente

La terapia no consiste en prometer una vida sin dolor, sino en acompañar a la persona para que pueda atravesarlo sin abandonarse a sí misma y sin dejar toda su vida para después.

Entonces, podríamos comenzar a plantearnos preguntas diferentes:

  • ¿Cuánto de mi vida estoy posponiendo mientras espero sentirme completamente bien?

  • ¿Qué sigue siendo importante para mí, incluso en este momento?

  • ¿Qué pequeño paso puedo dar en esa dirección?

Aceptar que el sufrimiento forma parte de la vida no significa resignarnos ni dejar de buscar alivio. Significa reconocer que no necesitamos esperar a que todo esté resuelto para acercarnos nuevamente a aquello que amamos, valoramos o deseamos construir.

Una vida plena no es necesariamente una vida sin dolor. Es una vida en la que el dolor puede estar presente sin ocuparlo todo, sin borrar aquello que importa y sin decidir por completo nuestro rumbo. Tal vez el propósito de la vida no sea conseguir que nunca vuelva a doler, sino aprender a caminar aun en los momentos difíciles, construyendo sentido paso a paso, incluso cuando el camino no se parece al que habíamos imaginado.

Referencias

Luciano, M. C., & Hayes, S. C. (2001). Trastorno de evitación experiencial. International Journal of Clinical and Health Psychology, 1(1), 109–157.

Luciano, M. C., & Valdivia, M. S. (2006). La terapia de aceptación y compromiso (ACT): fundamentos, características y evidencia. Papeles del Psicólogo, 27(2), 79–91.

Páez-Blarrina, M., Gutiérrez-Martínez, O., Valdivia-Salas, S., & Luciano-Soriano, C. (2006). Terapia de aceptación y compromiso (ACT) y la importancia de los valores personales en el contexto de la terapia psicológica. International Journal of Psychology and Psychological Therapy, 6(1), 1–20.

Wilson, K. G., & Luciano, M. C. (2002). Terapia de aceptación y compromiso (ACT): un tratamiento conductual orientado a los valores. Pirámide.

Únetenos

¿Deseas nuestras noticias?

Unetenos para recibir noticias del blog y formaciones

Únetenos

¿Deseas nuestras noticias?

Unetenos para recibir noticias del blog y formaciones

Únetenos

¿Deseas nuestras noticias?

Unetenos para recibir noticias del blog y formaciones