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La Terapia Cognitiva de Aaron Beck

La Terapia Cognitiva de Aaron Beck

La Terapia Cognitiva de Aaron Beck

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Galo Guerra-Vargas

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Galo Guerra-Vargas

Psicólogo, sexólogo.

Si con Ellis el punto de partida era lo irracional de ciertas creencias, con Aaron Beck el foco se puso en algo un poco distinto: los pensamientos automáticos. Esa voz interna que aparece sin que la llamés, que interpreta lo que pasa a tu alrededor, y que en muchos casos lo hace de una forma bastante sesgada... sin que te des cuenta.

El caso es que Beck no llegó a ese descubrimiento desde la filosofía ni desde la lógica, sino desde algo mucho más concreto: estaba sentado frente a sus pacientes con depresión, escuchándolos, y empezó a notar que todos compartían un patrón de pensamiento muy similar. No solo sentían tristeza; pensaban de una manera particular sobre sí mismos, sobre el mundo y sobre su futuro. Y esos pensamientos, lejos de ser aleatorios, seguían una lógica interna bastante predecible.

Cómo llegó Beck a donde llegó

Beck era psiquiatra, formado en el psicoanálisis, igual que Ellis. Pero a diferencia de otros colegas de su época, decidió investigar sus hipótesis de forma sistemática, algo que en los años sesenta no era exactamente lo habitual en la clínica.

Mientras trabajaba con personas que sufrían depresión, identificó que muchas de ellas tenían pensamientos negativos muy rápidos, casi reflejos, que aparecían en medio de situaciones cotidianas. Alguien cometía un error pequeño en el trabajo y de inmediato pensaba "soy un fracaso". Alguien recibía una crítica menor y concluía "nadie me valora". Esos pensamientos no eran razonados ni elaborados; llegaban solos, y la persona muchas veces ni siquiera los cuestionaba porque los vivía como hechos.

Fue así como Beck desarrolló lo que hoy conocemos como Terapia Cognitiva, publicando su modelo de forma más completa en 1979 en su libro Cognitive Therapy of Depression, que sigue siendo una referencia en el campo hasta el día de hoy.

Los pensamientos automáticos: esa voz que no para

El concepto central de la Terapia Cognitiva es el de los pensamientos automáticos. Beck los describía como interpretaciones espontáneas que hacemos de las situaciones, y que generalmente no cuestionamos porque se sienten verdaderas.

La cosa es que no necesariamente lo son.

Imaginá que estás en una reunión y tu jefe no te saluda al entrar. Un pensamiento automático podría ser: "Está enojado conmigo." A partir de ese pensamiento, la emoción que viene es ansiedad, y la conducta probable es quedarte callado durante toda la reunión, o incluso repasar mentalmente todo lo que pudiste haber hecho mal en los últimos días. Todo eso ocurrió antes de que tu jefe dijera una sola palabra... y tal vez simplemente estaba distraído.

Eso es exactamente lo que Beck quería señalar: el evento no genera la emoción directamente. Lo que genera la emoción es la interpretación que hacemos del evento. Y si esa interpretación está sesgada, las emociones que siguen también lo estarán.

Las distorsiones cognitivas: cuando la mente nos juega en contra

Para explicar por qué los pensamientos automáticos suelen ser negativos o exagerados, Beck identificó una serie de patrones de pensamiento que llamó distorsiones cognitivas. Ello puede ocurrir por múltiples razones: historia personal, aprendizajes tempranos, contextos de vida adversos. El caso es que estos patrones se instalan y empiezan a operar de forma casi automática.

Algunas de las más conocidas son las siguientes.

La generalización excesiva es cuando a partir de un evento aislado se saca una conclusión que abarca todo: "Una vez me fue mal en una presentación, entonces soy malo hablando en público."

La personalización ocurre cuando la persona asume responsabilidad por cosas que no dependen de ella: "Mi amiga está de mal humor, seguro le hice algo."

El pensamiento todo o nada no admite grises: o algo es perfecto, o es un fracaso total. No hay término medio.

Y la catastrofización, que ya mencionamos con Ellis aunque desde ángulos distintos, consiste en anticipar el peor escenario posible como si fuera el más probable.

No está demás señalar que estas distorsiones no son exclusivas de personas con trastornos mentales. Todas las personas las experimentamos en algún grado y en algún momento. La diferencia clínica está en la frecuencia, la intensidad y el impacto que tienen sobre la vida cotidiana.

La tríada cognitiva: cómo se estructura la depresión según Beck

Uno de los aportes más reconocidos de Beck fue la descripción de lo que llamó la tríada cognitiva, que básicamente es el patrón de pensamiento que caracteriza a la depresión. Son tres focos de visión negativa que se refuerzan entre sí.

El primero es la visión negativa sobre uno mismo: "Soy inadecuado, no valgo, tengo fallas que me hacen indeseable."

El segundo es la visión negativa sobre el mundo y las experiencias: "El entorno me pone obstáculos, las cosas me salen mal, la vida es difícil."

El tercero es la visión negativa sobre el futuro: "Las cosas no van a mejorar, el sufrimiento va a continuar, no hay salida."

Cuando estos tres elementos coexisten, la persona queda atrapada en una especie de bucle donde cada experiencia confirma lo que ya cree. Es difícil salir de ahí sola, entre otras cosas porque la mente sesgada interpreta incluso la evidencia contraria de forma negativa.

Qué pasa en terapia

La Terapia Cognitiva es un enfoque estructurado y con tiempo limitado, algo que la diferencia de muchos otros modelos. Las sesiones tienen un orden, hay una agenda, y el trabajo entre sesiones es parte importante del proceso.

El terapeuta ayuda a la persona a identificar sus pensamientos automáticos, a examinarlos con cierta distancia, y a evaluar qué tan bien se sostienen frente a la evidencia real. No se trata de sustituir pensamientos negativos por positivos de forma forzada, sino de llegar a interpretaciones más ajustadas a la realidad.

Aunque suene extraño, muchas personas sienten cierto alivio simplemente al darse cuenta de que lo que pensaban era una interpretación y no un hecho. Esa sola distinción puede abrir bastante espacio.

La Terapia Cognitiva ha demostrado eficacia especialmente en depresión y ansiedad, pero su alcance se ha ampliado considerablemente desde los años setenta. Hoy se trabaja con variantes del modelo en trastornos de personalidad, problemas de pareja, dificultades en el rendimiento académico y laboral, entre otros. Obviamente esto no agota el tema, y como todo enfoque, tiene sus limitaciones y sus casos donde funciona mejor que en otros.

Una nota final

Beck siguió trabajando y publicando hasta muy avanzada su vida, ampliando su modelo original hacia lo que hoy se conoce como Terapia Cognitiva Basada en Esquemas, y colaborando con su hija Judith Beck, quien también es una figura central en este campo. Eso habla de un modelo que no quedó estático, sino que fue evolucionando con la evidencia.

Si alguna vez te has sorprendido pensando algo muy negativo sobre vos mismo, sobre una situación o sobre lo que viene... y luego, con más calma, te has dado cuenta de que no era tan así... ya tenés una idea de lo que la Terapia Cognitiva trabaja. El truco está en desarrollar esa capacidad de revisión, que no siempre llega sola.

Si querés conocer más, te recomiendo:

Beck, J. S. (2000). Terapia cognitiva: Conceptos básicos y profundización. Gedisa.

Clark, D. A., & Beck, A. T. (2010). Cognitive therapy of anxiety disorders: Science and practice. Guilford Press.

Beck, A. T. (1979). Cognitive therapy and the emotional disorders. Penguin Books.

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