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La Terapia Racional Emotiva de Albert Ellis

La Terapia Racional Emotiva de Albert Ellis

La Terapia Racional Emotiva de Albert Ellis

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Galo Guerra-Vargas

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Galo Guerra-Vargas

Psicólogo, sexólogo.

Hay una frase que Albert Ellis repetía con bastante insistencia —y con el estilo directo que lo caracterizó hasta el final de su vida— que dice algo así: "No son los eventos los que nos perturban, sino la visión que tenemos de ellos." Y el caso es que esa frase, aunque suene antigua, resume muy bien lo que está en el corazón de la Terapia Racional Emotiva Conductual, más conocida por sus siglas TREC.

Si alguna vez te has quedado dándole vueltas a algo que pasó hace días... o te has sentido devastado por un comentario que, mirándolo con un poco de distancia, no era para tanto... ya tenés una idea bastante intuitiva de lo que Ellis quería decir.

De dónde viene esta terapia

La TREC nació en los años cincuenta. Ellis había trabajado durante un tiempo con el psicoanálisis, pero empezó a notar algo: sus pacientes no mejoraban tanto hablando del pasado como sí lo hacían cuando él los ayudaba a cuestionar activamente sus pensamientos en el presente. Así que cambió de dirección.

No es que el pasado no importe. El caso es que Ellis argumentaba que lo que nos hace sufrir no es lo que nos ocurrió, sino las creencias que construimos alrededor de eso que nos ocurrió. Hay una diferencia enorme entre las dos cosas, aunque en el calor del momento no lo parezca.

Fue así como en 1955 presentó formalmente su modelo, convirtiéndose en uno de los precursores de lo que hoy conocemos como terapias cognitivo-conductuales. En ese sentido, sin Ellis probablemente tampoco habría existido el Aaron Beck que todos conocen, aunque esa es otra historia.

El ABC que lo explica todo

El modelo central de la TREC se describe con tres letras: A, B y C.

La A (del inglés Activating event, evento activador) es lo que ocurre. Algo externo: una situación, una persona que dice algo, un resultado que no esperabas.

La B (Beliefs, creencias) es lo que vos pensás sobre eso que ocurrió. Acá está el nudo del asunto, porque Ellis sostenía que la gente no reacciona al evento en sí, sino a cómo lo interpreta.

La C (Consequences, consecuencias) son las emociones y conductas que se derivan de esas creencias. Lo que la terapia busca cambiar es cuando esas consecuencias son desproporcionadas o nos impiden funcionar bien.

Un ejemplo cotidiano: imaginá que mandás un mensaje a alguien y no recibís respuesta en varias horas. El evento es neutro, solo hay silencio. Pero si tu creencia es "el silencio significa que le caí mal", o "si no me responden es porque no soy importante", la consecuencia probable es ansiedad, rumiación, tal vez hasta un segundo mensaje de disculpa que no venía al caso. No fue el silencio lo que te perturbó... fue lo que pensaste sobre el silencio.

Las creencias irracionales: el verdadero problema

Ellis identificó un conjunto de creencias que llamó "irracionales", no porque sean propias de personas poco inteligentes, sino porque son rígidas, absolutas y no se sostienen bien frente a la realidad. Ello puede ocurrir por múltiples razones: la educación recibida, experiencias tempranas, mensajes culturales que fuimos acumulando sin mayor conciencia de ello.

Algunas de las más comunes tienen que ver con la exigencia absoluta, ese "debo" o "tengo que" que no admite matices: "Debo caerle bien a todo el mundo", "Tengo que ser exitoso en todo lo que hago", "Las cosas tienen que salir como yo espero".

Otras tienen que ver con la catastrofización, la tendencia a calificar como terribles o insoportables cosas que en realidad son incómodas o decepcionantes, pero manejables. Y hay una tercera familia que Ellis llamó la "condena global": juzgarse a uno mismo, o a los demás, como personas completamente sin valor a partir de un error o una conducta específica.

No está demás señalar que todos, en alguna medida, tenemos este tipo de creencias. La diferencia está en qué tan rígidas son y cuánto peso les damos en el día a día.

Racional no significa frío ni sin emociones

Acá hay un malentendido frecuente que vale la pena despejar, porque la palabra "racional" puede dar la impresión de que la TREC propone convertirnos en personas calculadoras, sin vida emocional. Para nada.

Ellis distinguía entre emociones apropiadas e inapropiadas, no entre tener emociones o no tenerlas. Sentir tristeza cuando perdés algo importante es apropiado, incluso necesario. Sentir una depresión paralizante por semanas a raíz de un error laboral ya es otra cosa. Sentir molestia cuando alguien te trata mal tiene toda su lógica. Sentir una furia que te lleva a dañar vínculos importantes, no tanto.

La terapia no busca que no sientas. Busca que lo que sentís guarde una proporción razonable con lo que pasó, y que podás seguir funcionando.

¿Para qué sirve concretamente?

La TREC ha mostrado evidencia de utilidad en una variedad amplia de motivos de consulta: ansiedad, depresión, dificultades de autoestima, problemas en relaciones de pareja, procrastinación, perfeccionismo, manejo de la ira, entre otros. Obviamente esto no agota el tema, y como toda terapia, no es la respuesta para todo ni para todos.

Lo que sí tiene de particular es que es un enfoque activo y colaborativo. El terapeuta no se limita a escuchar y reflejar; también pregunta, cuestiona, desafía... con respeto, pero sin rodeos. Y la persona que consulta tiene tareas concretas, cosas que practicar fuera de la sesión, porque la idea es que lo aprendido trascienda el consultorio.

En ese sentido, aunque suene extraño, la TREC puede sentirse más parecida a un entrenamiento que a una conversación terapéutica tradicional. No es mejor ni peor, simplemente es distinta, y eso le acomoda mejor a algunas personas que a otras.

Una última cosa antes de cerrar

Ellis fue una figura bastante polémica en su tiempo. En sus métodos, en su lenguaje, en sus ideas. Pero la influencia que dejó en la psicología clínica moderna es difícil de ignorar. Muchas de las herramientas que hoy se usan en terapia cognitiva tienen algo de su sello.

Si te identificás con ese patrón de "saber que algo no es tan grave, pero igual sentirte muy mal por ello", quizás vale la pena explorar un poco más este enfoque. No porque sea la solución a todo, sino porque a veces ayuda bastante tener un mapa de cómo funciona tu propio pensamiento.

Si querés conocer más, te recomiendo:

Ellis, A., & MacLaren, C. (2004). Terapia racional emotiva conductual: Manual de bolsillo. BRT Press.

Lega, L. I., Caballo, V. E., & Ellis, A. (2009). Teoría y práctica de la terapia racional emotivo-conductual (2.ª ed.). Siglo XXI de España Editores.

David, D., Cristea, I., & Hofmann, S. G. (2018). Why cognitive behavioral therapy is the current gold standard of psychotherapy. Frontiers in Psychiatry, 9, 4. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2018.00004

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