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¿Para qué sirve un sexólogo?

¿Para qué sirve un sexólogo?

¿Para qué sirve un sexólogo?

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Galo Guerra-Vargas

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Galo Guerra-Vargas

Psicólogo, sexólogo.

Cuando alguien comenta que tiene una cita con un sexólogo, todavía hay quien hace un gesto raro, como si se tratara de algo vergonzoso o reservado para casos extremos. El caso es que esa idea está bastante lejos de la realidad, y de paso le cierra la puerta a mucha gente que podría beneficiarse de esa consulta sin necesidad de estar atravesando una crisis de pareja o un problema grave. Vamos a aclarar entonces, con calma, qué hace en realidad este profesional y para qué situaciones tiene sentido buscarlo.

¿Qué es exactamente un sexólogo?

Un sexólogo clínico es, en la mayoría de los casos, un psicólogo o un médico que completó una formación especializada en sexualidad humana, entendida desde un modelo biopsicosocial, es decir, que toma en cuenta lo biológico, lo psicológico y lo social al mismo tiempo (Álvarez-Gayou Jurgenson, 2011). No es, como algunos se imaginan con humor incómodo, alguien que observa o participa de la vida sexual de quien consulta… ese chiste, aunque común, no tiene nada que ver con la realidad de la profesión. Su trabajo se limita, como el de cualquier otro profesional de la salud mental, a la conversación, la evaluación clínica y el acompañamiento.

Tampoco es un médico genérico que solo revisa "lo físico", ni un psicólogo que solo habla de "lo emocional". La formación le permite moverse entre ambos territorios (fisiológico y psicológico) sin perder de vista que están entrelazados, y con frecuencia trabaja de la mano con ginecología, urología o medicina general cuando el caso lo amerita.

¿En qué casos conviene consultar a un sexólogo?

Ello puede ocurrir por múltiples razones, y no todas tienen que ver con un "problema" en el sentido dramático de la palabra. Hay quienes llegan porque el deseo sexual bajó después de varios años de relación, o porque sienten dolor durante el acto y no saben a quién preguntarle sin sentir pena. Hay parejas que, después de tener hijos, descubren que la intimidad quedó en pausa y no logran retomarla solas, por más buena voluntad que le pongan. Hay personas que llegan a los 40 o 50 años cargando preguntas sobre su propio cuerpo que nunca se atrevieron a formular en voz alta, simplemente porque crecieron sin educación sexual formal.

También están quienes consultan por dudas sobre su orientación o identidad, quienes atraviesan una enfermedad o una condición de discapacidad y necesitan reorganizar su vida sexual a partir de esa nueva realidad, o quienes, ya en la etapa adulta mayor, notan que su sexualidad cambió y prefieren entender ese cambio en lugar de resignarse a él sin más. Y, por supuesto, también consulta quien simplemente quiere aprender más sobre sí mismo o sobre su pareja, sin que medie ningún malestar puntual… la curiosidad informada también es un motivo legítimo.


"Como profesionales en sexología, podemos y debemos ayudar a que a otras personas no les duela su sexualidad"
Juan Luis Álvarez-Gayou


Los mitos que alejan a la gente del consultorio

No está demás señalar que buena parte de quienes podrían beneficiarse de esta consulta nunca llegan, justamente por algunas ideas que circulan sin mucho fundamento. La primera es pensar que la sexología es solo para parejas al borde de la ruptura… cuando, en realidad, también funciona como espacio preventivo y educativo, mucho antes de que cualquier dificultad se convierta en un conflicto mayor.

La segunda es el miedo al juicio. Aunque suene extraño para quien nunca ha ido, la consulta sexológica funciona bajo los mismos principios éticos que cualquier otra atención en salud mental: confidencialidad y ausencia de juicio. Nadie sale de ahí con una etiqueta puesta, ni con un sermón sobre cómo "debería" vivir su sexualidad.

La tercera es asumir que, si la dificultad es física, el lugar correcto es el consultorio médico, y que si es emocional, corresponde al psicólogo, como si la sexualidad pudiera dividirse tan limpiamente entre cuerpo y mente. El caso es que rara vez funciona así: el dolor durante el sexo, por ejemplo, casi siempre tiene un componente físico y uno emocional entrelazados, y separarlos a la fuerza suele complicar más el panorama que ayudar a resolverlo.

Y la cuarta, tal vez la más persistente, es creer que ir a sexología significa que algo está muy mal. Obviamente esto no agota el tema, porque cada motivo de consulta es distinto y merece su propio análisis, pero vale la pena repetirlo cuantas veces haga falta: a veces se consulta simplemente para entender mejor algo que genera curiosidad, no para repararlo.

¿Cómo es una consulta, en términos prácticos?

La consulta sexológica se parece bastante a una consulta psicológica convencional: se conversa, se hacen preguntas, se exploran historias y patrones, y se construyen, poco a poco, herramientas y acuerdos concretos. No hay exámenes físicos de por medio ni demostraciones de ningún tipo… eso queda, otra vez, fuera de lo que corresponde a este espacio profesional.

Puede ser individual o en pareja, según el motivo de consulta, y normalmente requiere más de una sesión, aunque algunas dudas puntuales se resuelven con una buena dosis de psicoeducación bien dirigida. Si vas a consultar por primera vez, ayuda bastante llegar con las preguntas escritas con anticipación, porque la pena del primer momento suele hacer que se olviden justo las que más importan. Ayuda también soltar la expectativa de una solución inmediata: como en cualquier proceso terapéutico, el avance suele ser gradual, y eso no es señal de que algo esté fallando.

No hay una sola razón válida para buscar a un sexólogo, y esa razón no necesita ser dramática para merecer atención. La sexualidad, igual que cualquier otra área de la vida, también atraviesa cambios, dudas y baches que vale la pena mirar de frente, sin urgencia y sin vergüenza. Si en algún momento sentís que ese es tu caso, ahí está la puerta, abierta, esperando a que la toqués cuando estés listo o lista.

Si querés conocer más, te recomiendo:

Álvarez-Gayou Jurgenson, J. L. (2011). Sexoterapia integral (2.ª ed.). El Manual Moderno.

Hall, K. S. K., & Binik, Y. M. (Eds.). (2020). Principles and practice of sex therapy (6th ed.). The Guilford Press.

World Health Organization. (2006). Defining sexual health: Report of a technical consultation on sexual health, 28–31 January 2002, Geneva. World Health Organization.

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