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¿Por qué surge la atracción entre dos personas?

¿Por qué surge la atracción entre dos personas?

¿Por qué surge la atracción entre dos personas?

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Galo Guerra-Vargas

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Galo Guerra-Vargas

Psicólogo, sexólogo.

Seguramente te ha pasado: estás en la fila del supermercado, en una reunión de trabajo o simplemente caminando por la calle, y de la nada alguien te llama la atención. No hiciste nada para que pasara, no lo decidiste con la cabeza... simplemente ocurrió. El caso es que la atracción es uno de esos fenómenos que sentimos con muchísima claridad, pero que cuando tratamos de explicarlo con palabras, se nos vuelve escurridizo. Vamos a conversar sobre eso: qué hace que una persona, de entre tantas, termine generándonos ese "click" que no sabemos bien de dónde sale.

Antes de entrar en materia, no está demás señalar que la atracción no responde a una sola causa: es la combinación de varios factores —biológicos, psicológicos y de contexto— que se mezclan y producen ese efecto que muchas veces sentimos como instantáneo, aunque tiene mucha tela detrás.

La química que actúa sin pedirnos permiso

Empecemos por lo más básico: el cuerpo. Cuando alguien nos atrae, suceden cosas que no decidimos de forma consciente. El corazón se acelera un poco, capaz se nos seca la boca, sentimos esa especie de "cosquilleo" en el estómago... y todo eso tiene una explicación concreta en la actividad de neurotransmisores como la dopamina, vinculada con el sistema de recompensa del cerebro.

Ello puede ocurrir por múltiples razones, pero básicamente el cerebro está interpretando a esa persona como algo "valioso" o interesante, y libera sustancias que generan una sensación agradable, casi de anticipación. Es parecido a lo que sentimos antes de algo que nos emociona, solo que aquí el "objeto" es otra persona.

Aunque suene extraño, en este primer momento la voluntad tiene poco que decir. Por eso a veces nos sentimos atraídos por alguien que, si lo analizamos con la cabeza fría, "no nos conviene" o "no tiene sentido". La química, en ese momento, va por su lado.

Lo cercano y lo conocido pesa más de lo que creemos

Ahora bien, la atracción no depende solo de impulsos espontáneos. Hay un factor que la psicología social ha estudiado y que tiene que ver con algo tan simple como la cercanía y la familiaridad.

Tendemos a sentirnos más atraídos por personas con las que tenemos contacto frecuente: compañeros de trabajo, de estudio, vecinos, gente del mismo gimnasio... Mientras más vemos a alguien, más "familiar" se vuelve, y eso el cerebro lo procesa como algo seguro, predecible y, por tanto, agradable.

Esto explica por qué tantas relaciones de pareja nacen en contextos de contacto repetido. No es magia ni destino: la cercanía constante le da al cerebro muchas oportunidades de "ir conociendo" a esa persona, y eso, poco a poco, puede construir una atracción que en un inicio ni siquiera estaba ahí.

¿Nos atrae lo parecido o lo opuesto?

Esta es una de esas preguntas que generan debate eterno, y seguramente ya tenés una opinión formada... probablemente basada en alguna pareja que conocés y que parece ser la excepción a cualquier regla.

La evidencia, sin embargo, apunta más hacia la semejanza que hacia la diferencia. Tendemos a sentirnos más atraídos por personas que comparten con nosotros valores, sentido del humor, forma de ver el mundo o estilo de vida. Esa semejanza funciona casi como una validación: si alguien piensa parecido a vos, sentís que tu manera de ver las cosas tiene sentido, que no estás tan "raro" o solo en eso.

Esto no significa que las diferencias no jueguen ningún papel: una persona puede resultarnos atractiva justo porque tiene algo que a nosotros nos falta, o porque nos complementa en ciertas áreas. Pero cuando esa diferencia es muy marcada en los valores de fondo —cómo se concibe una relación, la familia, el dinero, el tiempo libre— lo que en un inicio pareció "interesante" puede convertirse, con el tiempo, en un punto de fricción constante. Obviamente esto no agota el tema, porque cada pareja es un mundo, pero como tendencia general, lo parecido suele pesar más que lo opuesto.

El contexto también tiene su voto

Hay un elemento que muchas veces se nos pasa por alto: el momento en que conocemos a alguien también influye en si nos resulta atractiva o no.

No es lo mismo conocer a alguien en una etapa de tu vida en la que estás tranquilo/a y abierto/a a nuevas experiencias, que conocerlo justo en medio de una situación de estrés, de duelo, o recién saliendo de otra relación. El estado emocional actúa como un filtro: a veces nos hace más receptivos, y otras veces nos cierra por completo a cualquier posibilidad, sin que tenga que ver con la otra persona.

También existen situaciones que, por su intensidad, generan una sensación de cercanía acelerada: un viaje, un proyecto que exige trabajar codo a codo durante semanas, o vivir algo fuera de lo común junto a alguien. Esas experiencias producen apertura emocional, y esa apertura, mezclada con la cercanía física, puede confundirse fácilmente con una atracción "instantánea" construida en pocas horas.

Atracción no es lo mismo que amor (aunque a veces se nos mezclen)

Y aquí viene una aclaración importante, porque es una confusión bastante común: sentir atracción por alguien no significa automáticamente que ahí hay "amor" ni que esa persona sea ideal para vos.

La atracción inicial es, sobre todo, una señal: indica que algo en esa persona "encendió" algo en nosotros. Pero lo que pase después —si se convierte en una relación sólida, en una amistad o en nada— depende de otros factores que no tienen que ver con la química inicial: la comunicación, los valores compartidos, la forma de resolver los conflictos, el respeto mutuo.

El caso es que está perfectamente bien sentir atracción por alguien y, al mismo tiempo, darte cuenta con el tiempo de que esa persona no es para vos. No hay nada "malo" ni contradictorio en eso. La atracción abre una puerta, pero no decide quién entra ni cuánto tiempo se queda.

¿Y qué hacemos con toda esta información?

No te voy a dar una fórmula, porque no la hay, pero sí algunas ideas que pueden servirte para mirar tus propias experiencias de atracción con un poco más de calma:

  • Si sentís una atracción muy intensa y repentina, vale la pena preguntarte en qué momento de tu vida estás: a veces la intensidad tiene más que ver con vos que con la otra persona.

  • La familiaridad construye atracción con el tiempo, así que no descartés a alguien solo porque "al principio no sentiste nada". A veces eso cambia.

  • Fijate en qué tan parecidos son los valores de fondo, más allá de los gustos superficiales: ahí suele estar la clave de si una atracción tiene "para dónde ir".

  • Y, sobre todo, recordá que sentir atracción no te obliga a nada. Podés sentirla, observarla y decidir con calma qué hacer con ella.

La atracción entre dos personas mezcla biología, historia personal y el momento en que cada quien está... y probablemente por eso el tema sigue generando curiosidad. La ciencia explica buena parte del "cómo", pero el "por qué con esa persona y no con otra" siempre tendrá un margen que cada quien resuelve a su manera. Y no tiene nada de malo dejarlo así.

Si querés conocer más sobre el tema, te recomiendo:

Aron, A., Fisher, H., Mashek, D. J., Strong, G., Li, H., & Brown, L. L. (2005). Reward, motivation, and emotion systems associated with early-stage intense romantic love. Journal of Neurophysiology, 94(1), 327–337. https://doi.org/10.1152/jn.00838.2004

Fisher, H. (2004). Why we love: The nature and chemistry of romantic love. Henry Holt and Company.

Muñoz Martínez, C., & Pons-Salvador, G. (2012). La percepción de la atracción interpersonal: Un estudio sobre las características personales que resultan más atractivas. Informació Psicològica, (103), 62–72.

Yela García, C. (2000). El amor desde la psicología social: Ni tan libres, ni tan racionales. Pirámide.

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Galo Guerra-Vargas

Psicólogo, sexólogo.

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