
Hay un tema que casi nadie platica y que, sin embargo, a todas las personas les ha tocado vivir: la conversación que debería pasar antes del primer encuentro sexual con alguien. Y ojo, cuando digo "primer encuentro" no me refiero solo a la primera vez en la vida, sino al primer encuentro con una persona nueva. Puede ser alguien con quien estás empezando una relación, un amigo con derecho o alguien a quien acabas de conocer.
Casi nunca nos tomamos el tiempo de hablar. No es que no queramos, es que nos falta la confianza, la honestidad o el valor de sentarnos a platicar de sexo antes de tener sexo. Y así llegamos al encuentro suponiendo cosas, adivinando lo que al otro le gusta y esperando que todo salga bien... cuando unos minutos de conversación nos habrían ahorrado muchos malos ratos.
Si no lo hablaste antes, tampoco pasa nada: se vale hablarlo después. Lo importante es que en algún momento se hable.
Por qué vale la pena hablarlo
Cuando una pareja logra hablar de sexualidad con confianza y honestidad, se nota la diferencia. No lo digo solo desde la consulta. Mallory, Stanton y Handy (2019) analizaron en conjunto decenas de estudios y encontraron que las parejas que se comunican más y mejor sobre su vida sexual reportan más satisfacción sexual, y también mejor funcionamiento en aspectos como el deseo y el orgasmo. En un estudio con estudiantes universitarios, Uribe Alvarado, García Borjas y Ramírez Ortega (2011) encontraron algo parecido: quienes tenían un estilo de comunicación más abierto se sentían más satisfechos con su vida sexual.
Cuando no se habla, la otra persona asume. Y cuando uno supone, imagina o cree que al otro le gusta algo, empiezan los problemas.
Primero: ¿qué tan importante es el sexo para ti?
Esta es la pregunta con la que yo empezaría, y quizá te parezca obvia. "Pues claro que es importante", me dirás. Fíjate que no para todas las personas.
Hay personas para quienes el sexo ocupa un lugar central en la relación, y otras para quienes es algo de vez en cuando: no sienten tanto deseo, no les provoca tanto, y a veces acceden porque la relación está empezando o para complacer a la pareja. Ninguna de las dos posturas está mal, pero si no se platica, cada quien asume que el otro piensa igual, y ahí aparecen los desencuentros más adelante.
Así que tenlo claro de primero: qué tan importante es el sexo para ti, y qué lugar esperas que tenga en la relación. Eso incluye cosas muy concretas, como con qué frecuencia te gustaría tener relaciones, si te gusta la creatividad y probar cosas nuevas, o cuánto tiempo te gusta dedicarle al encuentro.
Hablar de lo que sí te gusta
Antes de llegar a lo que no, quiero empezar por lo positivo, porque también se vale decir lo que nos gusta. Si ya conoces tu cuerpo y sabes cómo responde, si ya tienes algo así como un "manual" de tu propia sexualidad, compartirlo es un regalo para la otra persona.
Puede ser algo como: "Esta posición me encanta", "me gusta que me acaricies de esta forma" o "no lo he hecho, pero estoy abierta a probarlo". Decir esto crea complicidad, esa picardía que solo existe entre dos personas que se han dado permiso de hablar con libertad.
Ya sé que muchas personas piensan "qué pena decir esas cosas". La pena suele ser mayor en la imaginación que en la realidad, y del otro lado casi siempre hay alivio.
Los límites no negociables
Luego vienen los límites. Hay prácticas que para algunas personas son un "no" rotundo: para unas es el sexo anal, para otras el sexo oral, y está bien. También hay límites más pequeños que parecen detalles, pero que cambian por completo el encuentro. Tengo pacientes que no soportan que les besen las orejas porque les da risa, o que tienen tantas cosquillas en ciertas zonas que prefieren que no las toquen.
¿Por qué es importante decirlo antes? Porque si en ese primer encuentro tu pareja te acaricia y tú te ríes o le quitas la mano, lo más probable es que lo interprete desde otro lado: que no te gustó, que hizo algo mal, que no te atrae. Y el momento se vuelve incómodo para los dos. Si lo comentaste antes, esa misma reacción se entiende sin drama.
Y no todos los límites tienen que ser definitivos. A veces es algo que no te gusta hoy, pero que estás dispuesta a seguir platicando o a ir trabajando. Eso también es válido, y también se dice.
Si ya existe más confianza y les gusta el sexo más intenso, con juguetes, con juegos de amarrarse o con algo de rudeza, todo eso también se habla y se acuerda antes. Lo que se platica se disfruta más; lo que se supone puede lastimar.
Una palabra de alerta
Hay algo que yo recomiendo sin importar el tipo de relación, sea casual, de amigos con derecho o de pareja: tener una palabra o frase de alerta. Una señal acordada que signifique "para, algo no está bien".
En el sexo hay momentos muy intensos en los que estamos metidos en el disfrute, y de pronto algo duele, algo incomoda o simplemente te desconectaste. En esos momentos, un "espérate" a veces no se escucha. Una palabra acordada sí.
Esto va muy de la mano con los límites, porque a veces, aunque ya lo hayas dicho, la otra persona lo olvida. Y quiero decirlo con claridad: muchas veces no es adrede. En plena excitación la persona está pensando más con el deseo que con la razón. No lo tomes personal, pero sí ten una forma rápida y clara de frenar. En una revisión amplia sobre consentimiento sexual, Muehlenhard y sus colegas (2016) insisten en esto mismo: el consentimiento no es un "sí" que se da una vez al inicio, sino algo que se puede retirar en cualquier momento del encuentro.
Y la conversación sobre cuidarse
Falta un punto que no puede quedar fuera: cómo se van a cuidar. Es decir, cómo van a prevenir un embarazo que no buscan y qué saben de su salud sexual, incluyendo si se han hecho pruebas de infecciones de transmisión sexual. Es tan importante que le dediqué su propio artículo, "Anticonceptivos y pruebas de ITS: la conversación que no puede faltar".
Poner las cartas sobre la mesa
Hablar de todo esto no le quita lo espontáneo al encuentro. Al contrario, lo vuelve más compenetrado y más respetuoso, porque los dos están en la misma línea. Cuando ponemos los puntos sobre las íes, aprendemos a ser más responsables y también más abiertos en nuestra sexualidad.
No tengas miedo de hablarlo. Si lo que buscas es que tus encuentros sean satisfactorios, esta conversación es parte del camino. Y si ya pasó el primer encuentro sin que la tuvieran, cualquier momento es bueno para empezar.
Si quieres conocer más, te recomiendo:
Mallory, A. B., Stanton, A. M., & Handy, A. B. (2019). Couples' sexual communication and dimensions of sexual function: A meta-analysis. The Journal of Sex Research, 56(7), 882–898. https://doi.org/10.1080/00224499.2019.1568375
Muehlenhard, C. L., Humphreys, T. P., Jozkowski, K. N., & Peterson, Z. D. (2016). The complexities of sexual consent among college students: A conceptual and empirical review. The Journal of Sex Research, 53(4–5), 457–487. https://doi.org/10.1080/00224499.2016.1146651
Uribe Alvarado, I., García Borjas, M. L., & Ramírez Ortega, L. G. (2011). Relación entre estilos de comunicación y satisfacción sexual en estudiantes universitarios. Interamerican Journal of Psychology, 45(2), 157–167.







