
Cuando alguien escucha la frase relación abierta por primera vez, lo más común es que aparezcan dos reacciones casi simultaneas: curiosidad... y un ligero escandalo interior. El caso es que las relaciones abiertas llevan bastante tiempo existiendo, aunque por mucho tiempo se habló de ellas en voz baja, como si fuera algo que no del todo podía nombrarse en público.
Hoy el panorama cambio un poco. Cada vez más personas se preguntan que son realmente estas relaciones, como funcionan, y si podría ser una opción para ellas. Y es justo ahí donde vale la pena detenerse, porque hay mucha confusión al respecto, y no toda la información que circula es precisa.
Primero lo primero: qué es una relación abierta
Una relación abierta es, ante todo, una relación. Esto parece obvio, pero no está demás señalarlo, porque es el punto que más frecuentemente se pasa por alto. Hay una pareja central, con todo lo que eso implica: vínculo afectivo, comunicación, proyectos compartidos, demostraciones de cariño, intimidad emocional. Existe la expectativa de futuro conjunto, y existe el compromiso entre ambas personas.
Lo que la distingue de la relación exclusiva tradicional es que, por acuerdo mutuo y explicito entre los dos miembros de esa pareja central, la exclusividad sexual no forma parte del trato. Ambas personas tienen la libertad de tener encuentros sexuales ocasionales con terceras personas, siempre dentro de los límites que ellas mismas han establecido.
Ese último detalle importa mucho: dentro de los límites que ellas mismas han establecido. No es una relación sin reglas, ni es libertinaje disfrazado de modernidad. Es, de hecho, una relación con un nivel de comunicación y de acuerdos que muchas parejas exclusivas nunca llegan a tener.
El malentendido más común: ¿es infidelidad con permiso?
Ello puede ocurrir por múltiples razones, pero la confusión más frecuente es pensar que una relación abierta es simplemente una relación donde se permite la infidelidad. La respuesta corta es: no.
La infidelidad implica una ruptura de un acuerdo previo. En la relación abierta, el acuerdo previo es precisamente que la exclusividad sexual no existe. Desde ese punto de vista, no hay ningún pacto que se rompa cuando alguno de los miembros tiene un encuentro con un tercero, porque eso estaba contemplado desde el inicio.
Lo que si existe, y con mucha claridad, es fidelidad afectiva. Los sentimientos, el compromiso emocional, la lealtad hacia la pareja central... eso no está disponible para terceros. Una característica importante de este modelo es que cuando alguno de los miembros interactúa con una tercera persona, debe hacer explicito que ya existe una relación primaria con la que hay compromiso, y que el involucramiento afectivo con esa tercera persona no es posible.
Así que, aunque suene extraño, una relación abierta bien llevada puede ser bastante más honesta que algunas relaciones exclusivas en las que si hay infidelidad encubierta.
Que no es una relación abierta
Vale la pena despejar otros malentendidos. Una relación abierta no es una etapa de transición para que una pareja en crisis se distraiga con otras personas. Tampoco es una forma de que uno de los miembros tenga aventuras mientras el otro aguanta. No es un arreglo para personas que no pueden comprometerse. Y definitivamente no es un estilo de vida sin consecuencias emocionales ni sin ningún tipo de acuerdos.
Las investigaciones en psicología de las relaciones han mostrado que las personas en relaciones no monógamas consensuadas no difieren significativamente, en términos de satisfacción, compromiso y amor, de las que están en relaciones monógamas (Conley et al., 2017). Eso si: requieren de habilidades muy concretas para funcionar bien, y ahí es donde entra la segunda parte de la ecuación.
Los acuerdos: el corazón del asunto
Si hay algo que define a una relación abierta exitosa es la calidad y la claridad de sus acuerdos. Y no es exageración decir que los acuerdos lo son todo en este modelo.
Los acuerdos pueden incluir cosas como: en que días o situaciones es posible el contacto con un tercero; si ese contacto puede darse en el espacio que comparte la pareja central; si hay que informar previamente o no; si hay algún tipo de protección que se requiere siempre; si existe alguna restricción respecto a personas del círculo cercano. Cada pareja define los propios según lo que necesita.
Lo que no es negociable es que ambos miembros deben estar genuinamente de acuerdo. No que uno cede para no perder al otro, no que uno tolera en silencio. Que ambos quieren este modelo y se sienten cómodos en él.
Easton y Hardy (2017), en su libro sobre no monogamia, plantean que la clave no está en el modelo relacional que se escoja, sino en la honestidad, la comunicación y el respeto mutuo que lo sostiene. Eso aplica igual aquí.
Las relaciones abiertas ¿son para todo el mundo?
Aquí es donde hay que ser honestos: No. No todas las personas están en condiciones emocionales, psicológicas o relacionales de sostener una relación abierta. Y esto no es un juicio, es simplemente una observación clínica.
Para que este modelo funcione, las personas involucradas necesitan, entre otras cosas, una gestión emocional bastante desarrollada, especialmente frente a los celos, que en este tipo de relación no son bienvenidos como mecanismo de control. También necesitan una comunicación abierta y honesta sin necesidad de interpretaciones, y mucha claridad sobre lo que cada quien quiere y puede dar.
Ello puede ocurrir por múltiples razones, pero cuando alguien entra a una relación abierta desde la inseguridad, desde la presión de la pareja, o desde la idea de que así no lo pierdo, el resultado suele ser doloroso. El modelo no falla porque sea malo; falla porque no había las condiciones para sostenerse.
En la segunda parte de este blog hablaremos más específicamente de cuando tiene sentido abrir una relación, cuando vale la pena revisarla, y cuando lo más sano es cerrarla o terminarla. Porque esas preguntas merecen su propio espacio...
Si quieres conocer más, te recomiendo:
Conley, T. D., Matsick, J., Moors, A. C., & Ziegler, A. (2017). Investigation of consensually nonmonogamous relationships: Theories, methods and new directions. Perspectives on Psychological Science, 12(2), 205-232. https://doi.org/10.1177/1745691616667925
Easton, D., & Hardy, J. W. (2017). The ethical slut: A practical guide to polyamory, open relationships, and other freedoms in sex and love (3a ed.). Ten Speed Press.







