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Validar no es dar la razón: lo que la ciencia nos enseña sobre comprender las emociones

Validar no es dar la razón: lo que la ciencia nos enseña sobre comprender las emociones

Validar no es dar la razón: lo que la ciencia nos enseña sobre comprender las emociones

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Carolina Quirós Ferlini

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Min Lectura

Carolina Quirós Ferlini

Psicóloga

¿Cuántas veces hemos escuchado frases como "no es para tanto", "estás exagerando" o "deberías dejar de pensar en eso"? La mayoría de las personas hemos dicho o recibido en algún momento alguno de estos comentarios. Ahora, es importante comprender que estas frases, generalmente, no surgen de la mala intención; en su lugar, suelen ser intentos de ayudar, tranquilizar o resolver un problema. Sin embargo, con frecuencia terminan generando el efecto contrario: la otra persona se siente incomprendida, sola o, incluso, más molesta.

¿Alguna vez intentaste consolar a alguien y terminaste empeorando la situación? Claramente no fue tu intención, pero las buenas intenciones no siempre son suficientes, ¿cierto? O, tal vez te pasó a vos: sentiste que una persona cercana no entendía por qué estabas sufriendo, minimizó lo que sentías o intentó resolver el problema antes de escucharte.

La mayoría de las personas hemos estado en ambos lados de esta experiencia. Hemos intentado ayudar y no hemos sabido cómo hacerlo. También hemos necesitado comprensión y nos hemos encontrado con consejos, explicaciones o frases que, aunque bien intencionadas, nos hicieron sentir más solos.

Desde la psicología existe una habilidad que puede ayudarnos a responder de una manera diferente: la validación.

Ahora, si bien la validación es algo que se aborda desde diferentes enfoques psicológicos, me gustaría enfocarla desde la Terapia Dialéctica Conductual (DBT), que es el enfoque con el que yo trabajo habitualmente.

¿Qué es la DBT y por qué habla tanto de validación?

La Terapia Dialéctica Conductual (DBT, por sus siglas en inglés) es un modelo de tratamiento desarrollado por la psicóloga Marsha Linehan. Aunque inicialmente fue creada para personas con Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), actualmente se utiliza en una amplia variedad de dificultades relacionadas con la regulación emocional, la ansiedad, la depresión, el trauma, el consumo problemático de sustancias, los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) y los problemas interpersonales, en general.

Uno de los pilares fundamentales de la DBT es el equilibrio entre aceptación y cambio. En otras palabras, las personas necesitan aprender nuevas formas de afrontar sus dificultades, pero también necesitan sentirse comprendidas y aceptadas tal como son en el momento presente. Es precisamente aquí donde entra la validación.

Entonces, ¿qué significa validar?

Validar consiste en transmitir que la experiencia de una persona tiene sentido dentro de su contexto.

A veces esto puede expresarse con frases como: "Entiendo por qué te sientes así", "Puedo ver que esto ha sido difícil para vos", "Considerando lo que has vivido, tiene sentido que reaccionaras de esa manera."

Sin embargo, la validación no es una fórmula ni un conjunto de frases que se repiten mecánicamente. Una persona puede decir exactamente las palabras correctas y, aun así, resultar invalidante si no existe un interés genuino por comprender al otro.

Validar implica hacer un esfuerzo consciente por acercarse a la realidad de la otra persona, intentar comprender cómo está viviendo una situación y reconocer que sus emociones tienen una razón de ser. Significa dejar de lado, por un momento, el impulso de juzgar, corregir, minimizar o resolver, para dar espacio a la experiencia emocional que está ocurriendo.

Esto no significa asumir que comprendemos exactamente lo que la otra persona está viviendo. De hecho, parte de validar consiste en reconocer que nuestra comprensión siempre será parcial y estar dispuestos a escuchar antes de sacar conclusiones.

Cuando validamos, reconocemos que el dolor, la tristeza, el miedo, la frustración, la vergüenza o el enojo son experiencias humanas que merecen ser escuchadas. No necesitamos compartir la misma perspectiva ni reaccionar de la misma manera para aceptar que una emoción existe y que está siendo vivida como real por quien la experimenta.

La diferencia puede parecer sutil, pero es enorme.

El problema de la invalidación

La invalidación ocurre cuando minimizamos, rechazamos, juzgamos o ignoramos la experiencia emocional de otra persona.

Muchas veces se produce sin intención. De hecho, algunas de las frases más invalidantes suelen surgir precisamente cuando intentamos ayudar.

Por ejemplo, si una amiga está muy triste porque terminó una relación, invalidar podría sonar así:

  • "Hay personas con problemas mucho peores."

  • "Ya supéralo."

  • "No vale la pena llorar por alguien así."

En cambio, validar podría implicar escucharla con atención y transmitir algo como:

  • "Puedo entender que esto te duela; esa relación era importante para vos."

  • "Tiene sentido que estés pasando por un momento difícil."

  • "No puedo imaginar exactamente cómo te sientes, pero veo que estás sufriendo."

Cuando alguien escucha repetidamente mensajes como:

  • "Estás exagerando."

  • "No deberías sentirte así."

  • "Eso no tiene importancia."

  • "Todo está en tu cabeza."

...puede comenzar a cuestionar sus propias emociones y experiencias.

A largo plazo, la invalidación puede generar dificultades para identificar lo que se siente, vergüenza por expresar emociones, problemas en las relaciones interpersonales y una mayor intensidad emocional. Cuando las personas no se sienten comprendidas, suelen esforzarse más por demostrar su malestar, lo que frecuentemente aumenta los conflictos, en lugar de resolverlos.

Paradójicamente, cuanto más invalidada se siente una persona, más probable es que aumente la intensidad con la que expresa su malestar. No necesariamente porque esté exagerando o intentando llamar la atención, sino porque está tratando de comunicar algo que siente que no está siendo comprendido. En este sentido, la invalidación puede convertirse en un círculo vicioso: mientras una persona intenta expresar con más fuerza lo que le ocurre, quienes la rodean pueden percibir esa intensidad como una exageración y responder con aún más invalidación.

Esto no ocurre únicamente en personas con un diagnóstico específico. La invalidación afecta a cualquier ser humano. Todos necesitamos sentir que nuestras experiencias son escuchadas y tomadas en serio.

¿Qué dice la investigación reciente?

Aunque la validación suele asociarse con la psicoterapia, sus beneficios han sido observados en diversos contextos.

Por ejemplo, Kuo y colaboradores (2022) estudiaron los efectos de la validación y la invalidación sobre las emociones. Sus resultados mostraron que las respuestas validantes se asociaban con una disminución del malestar emocional, mientras que las respuestas invalidantes tendían a aumentar las emociones desagradables. Esto sugiere que sentirse comprendido no es simplemente una experiencia agradable: puede influir directamente en la forma en que procesamos y regulamos nuestras emociones.

La importancia de la validación también ha sido observada en la infancia. Jeon y Park (2024) encontraron que los niños pequeños que recibían respuestas emocionalmente validantes mostraban una mayor persistencia frente a tareas difíciles o frustrantes. Este hallazgo cuestiona una creencia muy extendida: validar emociones no vuelve a las personas más frágiles ni menos capaces de afrontar los desafíos. Más bien, parece favorecer la capacidad para enfrentarlos.

Además, investigaciones recientes sobre regulación emocional interpersonal han encontrado que cuando una persona está atravesando una emoción difícil, las respuestas basadas en la comprensión y la validación suelen percibirse como más útiles que los intentos inmediatos de reinterpretar la situación, ofrecer consejos o resolver el problema. Esto no significa que las soluciones no sean importantes, sino que las personas suelen estar más dispuestas a escucharlas después de sentirse comprendidas.

Cómo validar en la vida cotidiana

La validación no requiere grandes discursos ni conocimientos especializados. A veces basta con escuchar atentamente y responder desde la comprensión.

Con una pareja

En lugar de: "estás haciendo un drama por nada."; podríamos decir: "veo que esto te afectó mucho. ¿Querés contarme más?"

Con un hijo o hija

En lugar de: "no llores, eso no duele."; podríamos intentar: "veo que te asustaste y que te dolió. Estoy aquí contigo."

Con una amistad

En lugar de: "ya deja de pensar en eso."; podríamos decir: "entiendo por qué seguís dándole vueltas; parece algo importante para vos."

En el trabajo o la universidad

En lugar de: "es solo una nota."; podríamos responder: "entiendo tu decepción. Invertiste tiempo y esfuerzo en este trabajo."

Ninguna de estas respuestas promete soluciones inmediatas. Sin embargo, todas comunican algo fundamental: "Tu experiencia tiene sentido para mí." Y justamente ese es el punto.

Validar no consiste en resolver el problema de inmediato. Consiste en crear las condiciones para que la otra persona se sienta suficientemente comprendida como para poder afrontar el problema.

Validar no significa perder los límites

Uno de los mitos más frecuentes es creer que validar equivale a aprobar cualquier conducta. Esto no es así.

Es posible validar una emoción y, al mismo tiempo, establecer límites claros.

Una persona puede sentirse profundamente herida, enojada o decepcionada, y esas emociones pueden ser completamente comprensibles. Sin embargo, reconocer la legitimidad de una emoción no implica aceptar insultos, agresiones, manipulación o transgresiones de límites.

Podemos decir: "Entiendo que estés muy enojado por lo ocurrido y, al mismo tiempo, necesito que me hables con respeto." O: "Comprendo que te sientas frustrado, pero no puedo aceptar que descargues esa frustración golpeando objetos o lastimando a otras personas."

La emoción puede ser válida. La conducta definitivamente puede requerir cambios.

La validación no elimina la responsabilidad personal; simplemente crea un contexto más seguro para hablar sobre ella. De hecho, las personas suelen estar más dispuestas a escuchar límites, retroalimentación o propuestas de cambio cuando primero se sienten comprendidas.

La validación y los límites no son opuestos. Con frecuencia, funcionan mejor cuando van de la mano.

Una reflexión final

Las personas no siempre necesitan consejos inmediatos, soluciones rápidas o explicaciones lógicas. Muchas veces necesitan algo mucho más sencillo: sentirse comprendidas.

La investigación reciente sugiere que la validación no solo contribuye a disminuir el malestar emocional, sino que también puede favorecer la persistencia frente a los desafíos y fortalecer la calidad de nuestras interacciones con los demás.

Validar no significa estar de acuerdo con todo, justificar cualquier conducta o renunciar a nuestros límites. Significa reconocer la humanidad que existe detrás de una emoción y transmitir a la otra persona que su experiencia merece ser escuchada.

Quizá por eso la validación es una de las habilidades interpersonales más poderosas que conocemos actualmente. No porque elimine el dolor o resuelva automáticamente los problemas, sino porque crea las condiciones necesarias para que las personas puedan afrontarlos de una manera más efectiva y con menos soledad.

Finalmente, validar no cambiará lo que ocurrió, pero sí puede cambiar profundamente la experiencia de atravesarlo.

Referencias

Jeon, H., & Park, B. (2024). Your feelings are reasonable: Emotional validation promotes persistence among preschoolers. Developmental Science.

Kuo, J. R., Fitzpatrick, S., Metcalfe, R. K., et al. (2022). The who and what of validation: An experimental examination of validation and invalidation of specific emotions and the moderating effect of emotion dysregulation.

Pruessner, J., Ruan, Y., y colaboradores. (2025). More Validation, Less Reappraisal: Effectiveness of Everyday Interpersonal Emotion Regulation Strategies.

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